Reformas

Recortes

 

Hay palabras que todas las mañanas se lavan la cara para no parecer mentiras, pero ni aun así desaparece la mugre.

“Reformas”.
Habrán escuchado estos días multitud de veces esta palabra mágica, dotada de gran poder de persuasión. Incluso más veces que en ocasiones precedentes. Pero lo cierto es que ya venía teniendo mucho éxito y predicamento entre nuestros políticos más inspirados. Sobre todo en boca de aquellos que no son ni populistas, ni demagogos, ni justicieros, sino solamente mentirosos y mendaces.

Mientras no nos curemos del lenguaje no nos curaremos de nada.

Y no me estoy refiriendo a la ortografía, cuya rígida ortodoxia ha tenido incluso detractores ilustrados y eminentes, muchos de ellos poetas. Ni me refiero tampoco a la capacidad de redactar con eficacia y corrección. Me estoy refiriendo al lenguaje como instrumento al servicio del engaño, deliberadamente manipulado para la desinformación y la estafa.

Hoy vivimos un tiempo de gran inventiva en este campo. Los neolenguajes con sus neopalabras posverdaderas proliferan y nos inundan. Los diccionarios más elitistas las acogen y las nombran palabras del año. Los animadores ideológicos las promueven y las venden, casi a precio de saldo. Los dobles sentidos se cultivan con esmero y se dan por buenos. Una forma como otra cualquiera de colocar a algún primo la mercancía dañada.

Se dice, por ejemplo, “populismo” en vez de “fascismo”, para no alimentar la comparativa razonable de nuestro tiempo con el de los años 30, y así no establecer relaciones peligrosas entre aquella desregulación financiera y su estafa anexa, con las que hoy nos traen por el camino de la amargura y la involución, y que hemos de tragar cual aceite de ricino para purgar nuestros inmerecidos derechos civiles y nuestros insolentes derechos humanos.

El fascismo de entonces fue producto de aquella estafa y de un capitalismo salvaje y desmandado, y esto no es muy distinto de lo que ocurre hoy, aunque se le cambie el nombre para evitar el recuerdo, aunque se intente promover el espejismo de que, caminando a toda prisa hacia atrás, somos más modernos y tenemos más futuro que entonces.

Si recordáramos podríamos pensar que el hombre, efectivamente, es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, y que el capitalismo sin control es una bestia feroz que cada vez que despierta y se le deja, devora a los hombres y arrasa con todo.

Ante verdad tan cruda, se impone el doble lenguaje, la mentira ni siquiera piadosa, la posverdad sin escrúpulos.

Mentira que es más necesaria hoy, porque no se propugna -como entonces se hizo- una salida “social” a la estafa, y la creación de un Estado solidario del bienestar como solución y salvación colectiva, sino justamente lo contrario: mayor dosis de veneno que eleve los muros y profundice aún más las fronteras.
En eso consisten las famosas “reformas” que tantos “animadores ideológicos” promueven y alaban como si fuese el bálsamo de Fierabrás, y no, como ellos saben, un timo.

Una mayor definición y una más rígida distinción entre amos y esclavos.

Y para ello se impone el doble lenguaje, se impone la mentira. Y si no son suficientes, se impone el látigo.

Como venía a decir Ignacio González en sus grabaciones mafiosas para no dormir: tienen (ellos, los de su barra) la justicia, tienen los medios de comunicación, tienen el ministerio del interior … lo tienen todo. Cuando de estafar se trata, esa es una gran ventaja.
Pero aún necesitan mentir, inventar palabras o darles la vuelta como a un calcetín. Y para eso vienen bien los académicos. Académicos de la lengua bífida.

De ahí que sea posible también decir cuando aumenta el número de contratos basura, que ha disminuido el paro, sin faltar a la verdad pero sin que sea cierto.
Podría decirse con más dosis de verdad que el régimen de esclavitud va aumentando su volumen de negocio.

Podría pensarse que la política siempre ha sido eso: mentira y engaño, pero no es cierto.
En el uso de esas prácticas siempre ha habido épocas mejores y épocas peores, cuando no intermedias, épocas más críticas e ilustradas, y épocas más bárbaras y sumisas. La nuestra es de las malas.

“Viva las caenas” es un eslogan que Rajoy podría promover hoy entre nosotros con suma facilidad y contrastado éxito. Con más facilidad incluso que en el ancien regime, porque entonces no existía la televisión para contagiar la tontez.

Aunque hoy sea más fácil malograr la inteligencia natural, se requiere sin embargo de un adiestramiento pertinaz mediante las técnicas que señala Ignacio Gonzalez, otro místico que se dedicaba a la exportación de misales.
¿Necesitaremos otro siglo dieciocho para reponernos del veintiuno, ahora que los misales y las madres superioras vuelven a estar de moda, y los medios públicos (y privados) de información son el púlpito de sus teodiceas?

Por eso cuando debido a ciertos requerimientos judiciales, el pensamiento verdadero y el auténtico lenguaje de algunos de nuestros políticos más procaces salen a la luz, sufrimos una especie de epifanía, un baño de realidad, una pérdida brutal de la inocencia.

Quizás un síntoma mayor de esa mentira que ya se ha globalizado (es lo que tiene ser cosmopolita) es que Valls, supuesto socialista, apoyara a Macron en contra de Hamon, el legítimo candidato socialista.
Que se parece mucho a la traición que aquí ha alimentado y llevado a cabo Felipe González a través de Susana Díaz, para que gobierne el PP corrupto y cavernario de Rajoy. Una especie de degeneración por convergencia evolutiva de los métodos, que une a España y Francia a través de los Pirineos, para acabar quizás en la misma ruina.

Hoy un Valls insolvente y sin crédito busca desesperado un clavo ardiendo al que agarrarse, para no quedarse sin oficio, y sobre todo sin beneficio.
Pero nadie quiere ya tener nada que ver con semejante trepa.
Quiso estar en todos los sitios, y se ha quedado en tierra de nadie, pidiendo pista.

Se dice de Macron que es “exbanquero y reformista”.
Lo de exbanquero -en este mundo donde el dinero todo lo manda y ordena- lo entendemos fácilmente, pero lo de “reformista” no hay quien lo entienda mientras no se defina y se concrete. Es decir, mientras no se traduzca.

Pero no lo esperen porque a eso juegan: a que el doble lenguaje y la mentira no maten del todo la esperanza del crédulo, que sería como matar la gallina de los huevos de oro.

Para qué continúe la estafa se necesita que el engañado tenga fe. No puede haber timo de la estampita sin paleto. La polisemia posverdadera (por decirlo suavemente) es buena para este negocio.

Se habla de que con Macron podría inaugurarse “un nuevo orden narrativo” (El País), expresión con la que parecen dar a entender –sin demasiados tapujos-que nos van a contar un cuento nuevo, mejor trabado aunque igual de falso, y a fin de cuentas una mentira muy gorda. Ni siquiera piadosa.

En cualquier caso, si las reformas de Macron se parecen a las de Rajoy, ya sabemos a que atenernos y cómo hay que traducirlo: no son reformas, son recortes.
Su inteligencia política y económica no da para más. Como mucho da para unas tijeras pero nunca para un cartabón, y mucho menos para una escuadra.

El patrimonio público se saquea y se manda al garete, y si los ladrones privados fracasan o se llevan el dinero a Suiza, se les apoya y sostiene con dinero público. Esa es la receta infalible.

Hay que ser tonto para comprársela.

El pensamiento único tiene muy poca imaginación, y la ideología (y la suya es radical) estropea mucho la inteligencia.

O visto de otra forma, quizás más certera y exacta: no son ellos los que mandan (ni nosotros a través de ellos), hay que reconocerlo, y para obedecer no se necesita perspicacia ni habilidades especiales. Solamente ser dócil y saber quién es el jefe (o la jefa).

Esa es la diferencia entre nuestra crisis y la de los años 30: entonces algunos, con algo de inteligencia y al menos una pizca de coraje, le pusieron el cascabel al gato. Hoy el gato se está comiendo de una sentada a todos los ratones, animado por una tropa de corifeos.
Y Macron no viene a ponerle el cascabel al gato, sino a ayudarle en su guerra contra los ratones.

En eso consistirán sus “reformas” si el desengaño no lo remedia. Por lo pronto, echar a la calle a 120.000 trabajadores del servicio público y del Estado del bienestar, en un nuevo intento de desmocharlo. Menos sanidad, menos educación, menos dependencia. Justamente los recortes que están disolviendo y desmembrando a Europa.

¡Y esto es lo que proponen como solución, como remontada triunfal a la crisis europea!

Un Napoleón con tijeras y a las órdenes de Merkel.
Esa es toda la novedad.

En este contexto de mentira posverdadera, Rajoy, aunque gallego, no llega a inteligente, y aunque se esfuerza, muchas veces peca de cándido.

Dijo ayer que no puede hacer más “reformas”, en lo cual hizo una traducción inconsciente de su mentira y la de todos, descubriendo involuntariamente que sus llamadas “reformas” son “recortes”, que nos perjudican a todos y benefician a muy pocos. A los de siempre.

Confiesa, en forma de lapsus linguae, que ha sido tanta la tijera que se ha quedado sin tela.

Otro por lo visto que tendrá que “coser”, sin hilo ni intención, y que sabe que ya llega tarde y sin ganas.

En cualquier caso, su mensaje iba dirigido a sus jefes (o jefa), como testaferro en apuros.

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Publicado el 10 mayo, 2017 en Artículos y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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