PEAC

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PEAC. Personal estatutario de atención continuada. Así dicho, a muchos esto no les dirá nada, y sin embargo, si acudimos a un PAC, o punto de atención continuada, los servicios de urgencias de nuestros centros de salud, es muy probable que los facultativos o enfermeros que nos atiendan sean PEAC. Atienden también a nuestros niños, aunque no sean pediatras, en esa primera asistencia.

Habremos comprobado también que frecuentemente están hasta arriba de trabajo y no dan más de sí, o que habiendo, en tal PAC, un sólo “equipo” (médico y enfermero), en ocasiones tienen que abandonar una sala de espera llena de pacientes para atender una urgencia en el exterior.
La verdad es que trabajan en condiciones muy precarias. Tienen que hacer de telefonistas, de celadores, de chóferes, porque están ellos solos. De guardia. Y sobrecargados de trabajo.

Esta sobrecarga –tan poco vigilada e inspeccionada por los servicios de salud laboral- viene dada también porque el PAC es una puerta más accesible y fácil (sin cita) para evitar la lista de espera con el médico de cabecera, que consideramos inasumible. O porque abusar es más fácil que esperar. Otras veces la urgencia está justificada. Y las que no están justificadas, desde luego y bajo ningún concepto, son las listas de espera de 7 o 10 días para ser visto por un médico de cabecera.
Que las hay. Por mucha propaganda con que se quiera tapar este hecho.

Así es como funciona hoy la atención primaria, y el trabajo desarrollado por médicos y enfermeros PEAC es fundamental para que la crisis asistencial no sea ya de órdago. Y aun así.
Porque falta personal. Porque hay recortes. Porque se ha recortado servicio público y no otras cosas y capítulos que todos sabemos.
Y porque la gestión muchas veces ni siquiera es racional o eficiente, sino meramente economicista. A eso se reduce todo. A explotar al personal y desesperar al paciente, todo lo cual unido, tiene un rendimiento económico. Incluso en forma de “plus por buena gestión”.

En el conjunto de nuestra comunidad de Castilla-La Mancha, el número de profesionales PEAC, médicos y enfermeros, es de 878.
Tienen la misma categoría profesional, la misma cualificación y titulación académica que otros médicos de familia o diplomados de enfermería, que desarrollan su trabajo en la atención primaria de los centros de salud. Pero se les discrimina, y se les explota. Desde hace demasiado tiempo. Concretamente desde 2005. Casi se les invita a abandonar el puesto de trabajo, y cuando superado el límite de resistencia, lo logran, la misma Administración les dice: “No entendemos como habéis aguantado tanto”. Literal. ¿Alguien lo entiende?

¿Quieren cargarse el servicio público para promover negocio privado? ¿Estos también? ¿Unos y otros?

Los profesionales PEAC (protagonistas involuntarios de esta filípica) proceden de una figura laboral prototipo de explotación y ejemplo de vergüenza política, los “refuerzos”, que fueron un hito si no el pistoletazo de salida de un precariado en proyecto. Malhadado futuro que hoy es ya, en muchos casos, presente consentido.

Un ejemplo de como la contratación pública puede aprender muy rápido los peores vicios y marrullerías de la contratación privada, una vez que todo el campo es orégano, y toda la política económica se reduce a un sólo concepto o una sola y raquítica idea.

Pero esa figura laboral -los refuerzos- quedo atrás, y en 2005, el SESCAM, mediante Decreto, creo la nueva figura laboral PEAC, como personal estatutario con plaza en la plantilla orgánica del SESCAM. Se estimó un gran avance, pero la cosa encerraba su truco. Algunos sindicatos, viéndolas venir, no firmaron.

En resumen, bajo un nuevo ropaje, y bajo un nuevo estatuto legal, la discriminación y la explotación continuaron (y continúan). Muchos sindicatos miraron (y miran) para otro lado. Son profesionales que desde 2005 permanecen en un limbo al que sólo le falta un muro para convertirlo en un apartheid.

Por reconocerles no se les reconoce  -y son personal estatutario- ni los derechos establecidos en el Estatuto Marco. Directamente no se les aplica. Están fuera.
Sus nóminas no las entiende nadie. Probablemente se les estafa. Sus licencias y descansos, sus turnos de trabajo, son subsidiarios, y los decide en muchos casos el compañero de la consulta de al lado. El factótum. El amigo del jefe.

Ni siquiera conocen cuál es su jornada ordinaria o cuál es su jornada complementaria. No se les informa. Se les oculta. Ni conocen su calendario de trabajo con la antelación suficiente para planificar su vida privada. Y estamos, según todas las estimaciones, en pleno siglo XXI. O eso dice el calendario.

Cuando se consigue un avance, casi siempre es a través del juzgado.

Conclusión: sindicatos, Administración, colegios profesionales, políticos (de los viejos y de los nuevos), pónganse las pilas. El Acuerdo marco en ciernes no puede ser una ocasión perdida, ni esta herida puede cerrarse en falso.

A este proceso de Acuerdo nadie les ha invitado, ni nadie les ha consultado su opinión. Un “grupo interno” se hace cargo. Eso se llama transparencia y hacer bien las cosas.

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Publicado el 15 febrero, 2017 en Artículos y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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