Melasudismo

U268418

Es término afortunado y nuevo, que intenta explicar la extraña paradoja de Rajoy, que acabará siendo –si Dios no lo remedia- más rara y celebrada que la paradoja de Olbers. Dice esta última que aunque la luz es infinita, el cielo es oscuro. Dice la primera que aunque el tiempo tiene un principio y un fin, se nos hará eterno.

Me río yo de las paradojas matemáticas en las que consumen sus cerebros los más estrambóticos  genios, y de las aporías de Zenón que demuestran que el movimiento no existe.
Aquí los quería yo ver, como nuevos Aquiles, intentando dar alcance a la tortuga en que cabalga Rajoy, porque aunque él no se mueve, nadie le alcanza, ni siquiera la justicia.

Con más conchas que una galápago tuneado, como el acorazado Potemkin de la involución triunfante, como la demostración viva de que el tiempo es reversible (basta con quedarse quieto y dejarse llevar por la corriente que retrocede desde el fin de la historia a su principio) todo lo resiste, todo se la suda.

Zombi viviente, o como decía  el otro vivo, animal inanimado, ha inventado una nueva filosofía política y un nuevo movimiento ético: el Melasudismo.
Ante su magnetismo animal de animal inacabado, hasta la justicia se queda fascinada y quieta, presa de su mal de ojo.

¿Qué hay que acabar con la sanidad pública? Pues se acaba.
¿Qué hay que acabar con las pensiones? Pues se finiquitan.
¿Qué hay que organizar una caza de brujas desde el ministerio del interior? Pues se hace, que para eso están las cloacas.

¿Qué hay que poner los chorizos a curar en el Senado? Pues se cuelgan del techo, que para algo tiene que servir una casa tan fresca. ¿Qué hay que ordenar silencio y firmeza de carácter a un cómplice que flaquea y pide auxilio? Pues se le ordena, tranquilidad y silencio, y aquí no ha pasado nada.

¿Qué los cómplices confiesan? Pues se compra el confesionario.

Todo eso y mucho más, se la suda. Hasta el mismo rey se la trae floja.

¿Será republicano?

Sobrado y más que sobrado, melasudado y fresco como una lechuga, se le ha visto en esta nueva investidura que desnuda todas nuestras vergüenzas juntas (hasta ahora sólo ha sido un desmaquillarse), y deja a nuestro país a la altura del betún.

Porque yo me pregunto: ¿En que otro país del mundo civilizado podría un aspirante a presidente de gobierno (y repitiendo) permitirse el lujo de chotearse de la justicia en su propia cara e investidura? ¿Hacer chiste y broma –delante de todas sus señorías- de un SMS de apoyo y recomendación de firmeza cómplice, al titular de un botín oculto en Suiza (y digo botín y no plusvalía) que ya era en ese momento de dominio público?

No lo busquen porque no lo hay. Sólo aquí esas cosas suceden. Pero suceden sin suceder, sin movimiento aparente ni consecuencias definidas, salvo que sus señorías se ríen y lo encuentran gracioso.
Lo cual viene a abundar y coincidir con el diagnóstico del informe GRECO (nos tienen calados), según el cual la independencia judicial, uno de los requisitos fundamentales para doctorarse de democracia occidental, aquí brilla por su ausencia. Ergo…

En otros tiempos más calamitosos de católica severidad e incendiaria inquisición, Rajoy habría acabado en la hoguera ardiendo como una queimada.
En primer lugar por “quietista” recalcitrante (nefanda y descansada herejía), y en segundo lugar por contumaz y relapso, que ya no sólo hace alarde y chiste de sus fechorías, sino que se mea en las mismas llamas de la justicia.

El cable que le ha echado el PSOE es tubería tan generosa e infecta, que Rajoy se ha vuelto danzarín y va sobrado por el mundo. Este país se le queda chico, no lo duden. Que se prepare la globalización en marcha, que en menos que canta un gallo la pone a levitar en hipnosis inescrutable.

El partido de Antonio Hernando y Susana Díaz, mientras tanto, al que por ese cable amigo, Rajoy le va chupando la poca savia que le quedaba (y sin levantarse del sillón), camina exangüe y sin rumbo, desactivado y desangelado, rumbo a su invierno perfecto. No digo que no se lo merezcan.

Han investido a la corrupción. Nunca una boda se pareció tanto a un funeral, ni un muerto a otro muerto.

¡Ah de la justicia, allí donde habite! ¡Ah del fiscal, perrito faldero!
¡El candidato, que ya es presidente de gobierno, ha confesado, aunque disfrazado de chiste!
Figura en el Diario de sesiones. Sólo falta el dibujo de Mingote o la gracia de Forges.

El debate presente debería ser, por tanto y ya poniéndonos serios, si el melasudismo es lo que más nos conviene en esta encrucijada histórica tan difícil, o si es el mejor antídoto contra la decepción y la frustración fofa que ya empiezan a inundar el país de cabo a rabo.

Desde la más fría reflexión, y desde la más impávida esperanza, cabe preguntarse -aunque sin prisas- si es posible algo así como un “entusiasmo melasudista” que nos señale el futuro con ilusión y empuje, o si ante un futuro que nos la suda es preferible quedarse en dique seco y leyendo el Marca.

Ósea, la incógnita es si el Melasudismo, constituido en santo y seña de la nueva era, nos llevará a algún sitio positivo más allá del horizonte; si mangando por doquier, y luego contando un chiste al respecto, nos ganaremos un lugar en la historia y un hueco entre las naciones grandes.

Aunque sea en la historia de la infamia, que todo sirve cuando no sirve nada.

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Publicado el 30 octubre, 2016 en Artículos y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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