Sescam: sin novedad en el frente

“La situación laboral de miles de médicos en España es indigna, abusiva e irregular, temporal y de mala calidad”.

“El Presidente de los médicos, el Dr. Rodríguez Sendín, ha descrito al Sistema Nacional de Salud como la mayor empresa de trabajo temporal en España”.

“El gobierno dedica a sanidad un 15% menos que hace siete años”.

“Entre 2011 y el 2013 han emigrado 7.000 médicos, pero lo que es más alarmante, en los últimos cinco 15.000 médicos han pedido el certificado de idoneidad para emigrar”

(Dra. Mónica Lalanda / https://medicoacuadros.wordpress.com/2016/08/29/batas-blancas-pinochos-y-pepitos-grillo/).

Nos hartamos de pelear contra los recortes insensatos  de la anterior administración (la del PP), cuya opción política no era precisamente la sanidad pública, sino el negocio privado.

Cambió la Administración sanitaria (ahora del PSOE), pero ¿dónde está el cambio?

Las listas de espera siguen siendo el elemento clave que define a la atención primaria de nuestra sanidad, antes con el PP, y ahora con el PSOE. Listas de espera para el médico de cabecera, que constituyen un auténtico absurdo funcional, casi un oxímoron en la cadena asistencial, y la base por la que hace aguas todo el edificio.

Ya lo dije en entonces, cuando los recortes acelerados y sincronizados, amenazaban quemar las naves, para que desde el modelo neoliberal de negocio privado (último objetivo de la legislación favorecida incluso por el PSOE), no fuera posible el retorno al modelo público, entendido como servicio, y eje fundamental del estado de bienestar:

De médico de cabecera a médico de lista de espera.

La solución que el SESCAM improvisa para este problema, antes con el PP y ahora con el PSOE, es la misma: todos los pacientes desatendidos por dicha circunstancia, que son muchos, acaban en masa en los puntos de urgencias, tanto a nivel de atención primaria (el PAC del centro de salud) como a nivel de los servicios hospitalarios de urgencias, que tienen que absorber todo lo que no se atiende allí donde corresponde -las consultas ordinarias del médico de cabecera- , mediante una cita “razonable”.

Así vemos a los servicios de urgencias de los centros de salud, convertidos en consultas a destajo de 17 y 24 horas seguidas, pues a este nivel asistencial no se precisa cita. ¿Por qué?, si lo que se está haciendo es una consulta ordinaria a destajo.

No es inusual escuchar este relato de boca de los pacientes que acuden a estos servicios de urgencias en los centros de salud: “Desde hace cuatro o cinco meses vengo notando… etc.”.

Y claro, muchos sanitarios que esto escuchan, además de quedarse a cuadros, piensan: “Algo está fallando”; “¿En cuatro o cinco meses no habrá encontrado ocasión este paciente ni oportunidad para informar a su médico de cabecera de tales síntomas, más que nada porque ese médico de cabecera es el auténtico experto en su muy personal historia clínica, le conoce como paciente y persona, incluso en su contexto social y familiar, y dispone de instrumentos asistenciales para prestarle una asistencia integral y/o preventiva, que un servicio de urgencias, por sus limitaciones de tiempo y función, no puede prestar?

Parece ilógico, y muy peligroso, arrastrar problemas y síntomas durante tanto tiempo. Es evidente. Para evitar ese tipo de situaciones y demoras se inventó el médico de cabecera. Por definición: el profesional más accesible de todo el sistema sanitario.

Y está claro que esa consulta “ordinaria” a destajo que se pasa en los servicios de urgencias de atención primaria, sustituyendo las funciones que en realidad corresponden a las consultas ordinarias de los médicos de cabecera (que para eso están dotadas), impide y dificulta atender lo que son verdaderas urgencias, y plantea problemas (por ejemplo de salud laboral y de violencia hacia los sanitarios) derivados de la saturación “urgente” que padecen estos puntos asistenciales, y que luego comentaremos. El agotamiento de los trabajadores y el riesgo –para unos (trabajadores) y para otros (pacientes)-, aquí caminan siempre de la mano.

Nunca antes se había visto tantos pacientes “hiperfrecuentadores” del centro de salud, que no sabrían decir a ciencia cierta quien es su médico de cabecera, pues conocedores de la demora habitual, ya ni siquiera intentan obtener una cita con el profesional que les corresponde. De hecho, muchos pacientes que acuden casi todos los días al PAC, hace meses que no visitan a su médico de cabecera. Curiosa paradoja que es todo un síntoma de la enfermedad que padece nuestro sistema en origen: la pérdida del significado de la atención primaria, empezando por la accesibilidad. Y lo que es peor de esta situación: la costumbre mata la sorpresa.

Si esa es la situación basal, la del día a día, podemos imaginarnos lo que ocurre cuando llega un periodo como el actual, y las consultas vacías por las vacaciones reglamentarias, no se cubren con los correspondientes sustitutos.

Porque efectivamente, ni se cubren con sustitutos, ni el resto del Equipo de atención primaria se hace cargo de atender a los cupos de pacientes que quedan huérfanos de su titular, como (parece) está definido -al menos “sobre el papel”- en el plan funcional.
O incluso, aquello que no debe esperar, debido a esta situación de “orfandad” se le hace esperar (a veces largas horas) a que abran el punto de urgencias, el PAC.
Este “vuelva usted cuando abran el servicio de urgencias (PAC)”, que nos recuerda aquel “vuelva usted mañana”, ha dado lugar a situaciones clínicas que mejor no comentar, porque por definición una urgencia no puede esperar, y si no es una urgencia no cabe dar esa instrucción de acudir “luego” al PAC, sino en todo caso buscar un hueco en la agenda del día del médico de cabecera, que los tiene, o dar una cita razonable.
Pero claro, es más fácil derivarlo todo al PAC.

Y esto no ocurre sólo con las vacaciones y las licencias reglamentarias, que no se sustituyen, sino también con la libranza posguardia, en que la consulta queda vacía del titular que el día anterior ha estado de guardia, para merecido descanso, y ni se sustituye esa libranza ni el Equipo se hace cargo de cubrir ese cupo de pacientes, como, parece, es obligado por el Plan funcional.
Es más cómodo -de nuevo- derivarlo todo al servicio de urgencias, “cuando abra”. Que haya cola de pacientes a la puerta del servicio de urgencias antes de abrir, es habitual.

Amanece que no es poco.

Aquí estaríamos ante un caso más problemático, pues la “no recuperación” de esa libranza posguardia, se mantiene en un limbo de dudosa legalidad (dejémoslo ahí), y es quizás una de las fuentes generadoras de las listas de espera de atención primaria, al determinar en cada centro de salud un gran número de consultas perdidas al año. Haciendo el cómputo de las consultas perdidas en cada centro por este motivo, uno se lleva un gran susto.

Como además la gestión de los calendarios de guardias, así como la gestión de las licencias,  se deja al albur del interesado (las fuerzas vivas, los que tienen enchufe), esta gestión no tiene por meta maximizar la eficiencia, sino maximizar el número de libranzas y de consultas perdidas, para lo cual los que tienen ese poder (o “privilegio”) de decidir  “prefieren”, por ejemplo, no hacer guardia en viernes y quizás tampoco, si me apuran, en lunes (¿dónde ha quedado el clásico calendario rotatorio?). Nos encontraremos, como resultado de todo ello, ante el absurdo de un sistema diseñado para que el paciente, a poder ser, no obtenga cita con su médico de cabecera, y desesperado acuda al PAC, o subsidiariamente al servicio hospitalario de urgencias.

¿Hemos mejorado o hemos empeorado en lo que era la nefasta gestión de la anterior administración?
En los aspectos comentados, no veo ninguna diferencia.

Y como todo este desbarajuste se pasa por el mismo rodillo, y se le da la misma vía de salida a los problemas planteados por la mala gestión, también los “desplazados” por vacaciones u otros motivos, acaban y confluyen en el punto de urgencias, en el PAC, cuando parece que es obligación funcional y legal del Equipo ordinario atender a esos pacientes, y para ello existe la famosa y poco usada “tarjeta de desplazado”, sobre la cual, parece, no existe mucho interés en informar.

Los PAC cargan también con la asistencia sanitaria de las residencias de mayores, entre otras cosas porque merced a no se sabe que normativa ausente o deliberadamente relajada, hay residencias (las más) que no cuentan ni con personal facultativo ni con personal de enfermería, más que en un escaso y raquítico (y ya es mucho) número de horas.
Conozco una zona básica de salud, con un sólo médico y un sólo enfermero en el PAC, cinco pueblos a su cargo, unos 18.000 pacientes, que debe suplir esa carencia injustificada pero muy lucrativa, en cinco residencias de mayores.

Cabe mencionar aquí el hecho, tan frecuente como lamentable, de que ante la necesidad de derivar a uno de estos pacientes ancianos a nivel hospitalario, nadie, ni de la familia (que a lo peor está lejos), ni de la residencia, se hace cargo del acompañamiento de un paciente que por su edad no se vale solo, y que tantas veces padece algún tipo de demencia. Es uno de esos detalles en que como en pocos se descubre el carácter de nuestra época, llena de inhumanidad y en la que el lucro todo lo somete. Y cabe imaginar también las dificultades de los profesionales que reciben a estos pacientes, en esas condiciones, en el hospital.

Nadie, ni los sindicatos, ni los servicios de salud laboral, ni por supuesto la administración, han entrado a valorar ni se han preocupado por lo que significa y lo que supone para la salud de los sanitarios que trabajan en los PAC, estas consultas a destajo de 17 y 24 horas seguidas, en las condiciones que hemos descrito.

Por un lado tenemos las consultas “ordinarias”, que duran 7 horas. Por otra el concepto de guardia en atención primaria, que antaño implicaba la resolución esporádica de auténticas “urgencias”, y ese carácter esporádico de dichas demandas, es lo que justificaba y permitía la duración de esos turnos de trabajo: 17 o 24 horas.
Y luego esta este nuevo invento, esta monstruosidad actual, que consiste en que un sólo médico y un sólo enfermero pasen consulta “ordinaria” durante 17 y 24 horas seguidas, a destajo, y sumándole las urgencias esporádicas que vayan surgiendo, a esa masa de población, desesperada y tensa por falta de citas.

¿Será casual que un gran número de casos de violencia contra los sanitarios del SESCAM se produzcan en estos servicios de urgencias de atención primaria, que además no cuentan con personal de seguridad ni celador, y -estoy por asegurar- también se generen en ellos un gran número de problemas de salud laboral que acortan la vida, y no solo laboral, de estos profesionales?

Y esos episodios de violencia se desencadenan por condiciones de trabajo conocidas, como por ejemplo la falta de un doble equipo de guardia que pueda atender las urgencias que simultáneamente se producen en el interior y en el exterior del centro (circunstancia esta muy frecuente durante una guardia), en momentos en que el abandono del centro para prestar una asistencia en el exterior es inaplazable, y obliga a dejar la sala de espera llena de pacientes que esperan ser atendidos. Los gestores lo saben, pero no dan instrucciones al respecto. Al menos por escrito.

Ante esta situación poco envidiable, la Administración (la de antes y la de ahora) actúan a lo “Don Tancreado”. Por lo pronto sin decidir ni dejar claro cuáles son las responsabilidades asistenciales y funcionales de unos (las consultas ordinarias) y de otros (los PAC). Y esa indefinición tan cómoda para la gestión, sólo da problemas, y graves, a los sanitarios y a los pacientes.

Y ya que hemos hablado de violencia contra los sanitarios: existe el convencimiento empírico (fruto de la experiencia de muchos profesionales del SESCAM), de que lo peor que puede hacer un sanitario en esta triste situación, es ponerse en manos del SESCAM, pues se han dado casos de violencia contra bienes (por ejemplo el coche oficial) y profesionales, en que el SESCAM en el último momento retira la demanda o no envía a sus abogados. Una auténtica “espantada” que favorece la repetición de estos episodios, que casi salen gratis al violento.

Quizás por el temor del SESCAM a que del análisis de los hechos enjuiciados, pudiera desprenderse el conocimiento de las condiciones lamentables en que trabajan sus profesionales. Es triste signo de los tiempos que corren, que la gestión de nuestra sanidad pública haya copiado todos los vicios peores de la gestión privada: maltrato y explotación de los trabajadores, no cobertura de licencias, inestabilidad de los contratos (contratos basura), y los criterios economicistas anteponiéndose siempre a los criterios asistenciales y de servicio público.

Hay que denunciar también la situación laboral de los profesionales de estos servicios de urgencias de los centros de salud (PEAC), invariable desde hace más de 11 años (año 2005) y que desde entonces, y a pesar de su condición de personal estatutario con igual titulación académica, padecen respecto a otro personal de la atención primaria, no sólo una discriminación retributiva (a pesar de afrontar los turnos más penosos y lesivos para la salud, ya que todos los turnos incluyen noche, y sólo libran un fin de semana al mes), sino en todos los aspectos de la vida laboral: licencias, conciliación familiar, gestión de los derechos adquiridos, participación democrática en las decisiones de gestión, etc.

¿Cuándo dejaremos de ver a estos trabajadores sanitarios, que están sujetos a responsabilidades profesionales de primera, sometidos a condiciones laborales de segunda?

¿Tendrá que pasar otra década?

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Publicado el 1 septiembre, 2016 en Artículos y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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