El selfibloqueo (publicado en prensa 1/08/16)

Ya que no para otra cosa, este tiempo político tan interesante y prolongado, debería servirnos al menos para aprender y retener en la memoria las palabras “populismo” y “bloqueo”, y para llegar a la sana y escéptica conclusión de que nadie sabe qué significan.

Leí el otro día un artículo muy serio y académico que intentaba poner en claro el concepto y la naturaleza del populismo, quizás con la intención de poder llamar con rigor científico y respaldo teórico, “populista” a todo aquel que nos pise el juanete, o en general a cualquier mosca cojonera que nos impida dormir la siesta como Dios manda, sea adversario político o cuñado no electo mediante las correspondientes primarias, y resulta que leídas con atención e imparcialmente las varias características claves que, según el ponente, concurren al concepto, todas ellas eran aplicables a los autodenominados partidos “serios” o “constitucionalistas” que, paradójicamente, resultan ser -a pesar de título tan rimbombante- los menos serios de los partidos, y los que menos reparos y escrúpulos han puesto a la hora de darle, cuando así les ha convenido, un meneillo (o varios) a la sacrosanta e inmutable constitución.

Como quien maquilla con un retoque y un lingotazo de formol, el desperfecto o el mal olor que despide una reliquia orgánica, presuntamente incorrupta.

Vivimos un tiempo de vocabulario tan blando y teorización tan “sinuosa”, que parecen confirmarse las tesis del pensamiento líquido y la ética floja, o, por así decir, la liquidación de ambas realidades.

En un esfuerzo de indagación psicológica plausible pero condenada al fracaso, intento imaginarme a los destructores “a conciencia” de los discos duros de Bárcenas, valorando “en conciencia” los pros y los contras -con o sin la ayuda de la cadena jerárquica natural (ellos sabrán)- de la operación de lavado a la piedra que estaban a punto de acometer con el susodicho hardware de su compañero, y hasta ese momento “colega”.

Los pros y los contras, incluso en el plano personal y/o judicial, de dicha destrucción de pruebas, tan drástica e impacientemente que ánima a pensar que no probaban precisamente comportamientos honrados.

Que también para eso hubieran podido servir, de haberse conservado como prueba de inocencia y seriedad.

Muy sólido o muy grave debía ser lo que aquellos discos contenían, y muy ilustrativo de la verdad última y global de todo un partido, para decidir (aun conociendo la investigación en marcha y el significado jurídico y/o penal de su acción) que no quedara rastro ni huella (hoy que todo se archiva) de aquella memoria digital que parecía quemarles entre las manos.

La mafia en Sicilia utilizaba mucho el ácido para toda suerte de desapariciones, pues sabía que la violencia destructiva de ese método, era de tal eficacia que pasmaba al mundo y hacia desaparecer el cadáver. Una eficacia casi metafísica.

Y de la misma forma aquí, la destrucción “a conciencia” de algo tan sólido como unos discos duros, pero tan lábil como la verdad incómoda, parece arrogarse el poder del creador y destructor de los mundos, situándose más allá del bien y del mal.

El desprecio que supone este acto a todo el mundo mundial (incluidos jueces), es el origen más claro del mal llamado bloqueo a Rajoy y al PP, pues se trata, obviamente, de un autobloqueo. Un selfi. Un autorretrato en toda regla en que la mala conciencia se resuelve a martillazos contra el espejo que, insolente, nos devuelve nuestra propia y desolada imagen.

Una decisión radical sobre la que germina toda una retahíla de decisiones posteriores, que despliegan una inconmensurable y aún inacabada huida hacia delante.

Y ese huir hacia delante les ha dejado, paradójicamente, bloqueados (autobloqueados) atrás. He ahí el origen del famoso bloqueo.

Este endiosamiento solipsista (es lo que tienen las mayorías absolutas y ser dueños hasta de los fiscales), que anima a prescindir de todo y de todos, a no rendir cuentas a nadie, incluidos jueces, ha puesto las cosas muy difíciles a los otros partidos “serios” y “constitucionalistas”, tal que un PSOE y un C’s, que de no ser por esos “pequeños detalles” y, sobre todo, porque tantos ciudadanos escandalizados les observan atentamente, hace mucho que habrían engrosado con gusto las filas de la aclamada “gran coalición”, que como todo el mundo sabe -incluidos ellos mismos- sería un remedo y tapadera de “La gran corrupción”.

Y aun así…

Artículo en prensa

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Publicado el 30 agosto, 2016 en Artículos y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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