Desmemorias

 

Nunca un pez picó tantas veces en el mismo anzuelo, ni un animal tropezó tantas veces en la misma piedra.

Apenas pasan cinco días, los circuitos neuronales de nuestro hipocampo se ofuscan, y la memoria chochea. Así de rápido se olvida, sobre todo si el olvido es una droga de diseño.

El otro día un tertuliano ponía énfasis en lo que viene siendo habitual y marca de la casa, es decir, en alimentar el miedo de quién ya vive aterrorizado y preso de la angustia, cosa que suele ocurrir cuando uno es consciente de que ha perdido el control de la situación y su voto, opinión, decisión, o elección legítima y soberana, no sirve para nada, que es el modo de vivir y sentir habitual de todo aquel que tiene la desgracia de padecer un régimen autoritario.

Calificativo que mientras no cambie el sentido de las palabras y la tozudez de los hechos, corresponde a aquel simulacro en que el voto expresado en las urnas no decide la acción política, sino que esta viene impuesta desde fuera, como ocurre sin ir más lejos en Grecia y en algunos otros países desgraciados de esta Europa irreconocible.

Que esto ocurra en la cuna de la civilización Occidental, que con tanto valor y coherencia enfrentó siempre el empuje del modelo asiático y las propuestas sátrapas, alcanza casi una significación simbólica de tragedia “griega”.
¿Y no han sido las tragedias griegas el molde precioso en que se fraguó, hace ya siglos, nuestro espíritu y nuestra libertad?

Afirmó pues, que aquellos que celebran la catástrofe griega y hacen gracia y chiste del cepo que hoy se les impone a sus ciudadanos, son los auténticos enemigos de la libertad, los esbirros de Darío el persa, que cabalga -como siempre- a lomos de su becerro de oro.

Porque además esa sumisión, extraña a toda soberanía real, es la que anuncian y vaticinan -no sé si gozosamente- también para nosotros, en este momento electoral de simulacro, como destino inevitable, confesando o aceptando sin escrúpulos ni rubor que el quid de la cuestión y el fundamento de esa capitulación tan ignominiosa, es la posesión del dinero, o lo que en Occidente, desde los griegos, siempre se llamó plutocracia.
Es decir, somos esclavos como en los viejos tiempos del vil metal y vegetamos, ya sin alma ni dignidad, bajo el imperio de sus dictados. Semihumanos. Más viejos y chochos que nuestros propios padres. Más cobardes que Antígona.

Al lado de esta franqueza para declarar abiertamente que la neolibertad que proponen es dictadura deseable y pragmática, no dejan de echar mano del engaño y la desmemoria, tan fácil en estos tiempos tan veloces.
Y así por ejemplo, en relación a la situación griega, achacan el sufrimiento actual de los ciudadanos helenos a los recién aterrizados, a los nuevos agente políticos (a ver si cuela), a los antisistema, a los populistas, cuando es obvio y conocido que se debe al prolongado saqueo protagonizado por la “gran coalición” que los precedió bajo la forma aparente de régimen bipartidista, y que los dejó en bancarrota, cuyos principales actores y dirigentes son los que hoy copan las listas de defraudadores y delincuentes económicos y fiscales, listas que un famoso “socialista” griego intentó ocultar tanto tiempo como pudo, antes de ser el mismo ocultado y casi sepultado por los votos del pueblo.

Ocurre, sin embargo, que no sirvió de nada, porque los votos del pueblo tienen menos valor que el dinero robado.
Tan fácil es engañar cuando la memoria es tan frágil.

Cuando se pregunten quien puso en marcha los aforamientos y las puertas giratorias, no busquen muy lejos en sus recuerdos. Siguen ahí, y hoy les piden el voto.

Cuando se pregunten quien puso en marcha las amnistías fiscales, no rebusquen tampoco en su memoria. Siguen ahí y hoy les piden el voto. La primera la puso en marcha el PSOE. La segunda el PP.

Cuando se pregunten quien sentó las bases legislativas para la privatización de la sanidad. Yo se lo digo: fue el PSOE, y sobre esas bases el PP intentó dejarnos sin sanidad pública. Y casi sin educación.

Cuando se pregunten quien violentó la Constitución sin consultar al pueblo. Es sabido: PP y PSOE, con nocturnidad y alevosía, y con Zapatero como maestro de ceremonias.

A pesar de lo cual, digo que no tiene por qué ser así, y que no siempre fue así.
¿Serán Portugal o España, un nuevo capítulo de esta tragedia griega?

De momento Portugal, en su acción de gobierno (jornada laboral de 35 horas, etc.) intenta cumplir su programa y guiarse por el interés y el mandato de los ciudadanos. ¿Hasta cuándo se lo permitirán?

Sólo deseo una cosa: que gane Antígona, porque será el triunfo de la justicia y de la razón sobre la ley del más fuerte, el triunfo de la democracia sobre la plutocracia, el triunfo de la civilización sobre la selva.

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Publicado el 14 junio, 2016 en Artículos y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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