Un acto de caridad

Sería un acto de caridad para con el PP, enviar a Rajoy, a Aguirre, y a otros cuantos inefables a su casa, facilitar que algo estallara por dentro en ese partido, el absceso drenara, y la fidelidad del militante lo fuera, a partir de ese momento, con el aire limpio, la honestidad y la decencia.

Y sería un acto de caridad con el PSOE, destetarlo de su líder prehistórico, facilitar que Felipe González se jubilara definitivamente y su monólogo tuviera alguna voz alternativa, que no sonara a rancia y gastada, a cantinela triunfal del Nodo. No nos sirve títere de ventrílocuo.

Así como ambos partidos son necesarios (o eso dicen y yo no lo creo) para reformar lo que ya no admite cura, sendos reciclajes de líderes son imprescindibles para limpiar tanta mugre y empezar a regenerar desde el tejido sano.
Mientras esto no se haga, sólo parches y cataplasmas. Poco lenitivo para tanta herida.

Aquejados como están ambos partidos de la misma polilla, por no airear a su debido tiempo la sala de máquinas y el fondo de armario, el estilo de sus decadencias los distingue.

En Rajoy destaca el deseo de pasar desapercibido, de ocultarse en la sombra, de envolverse en el manto de la inercia, a ver si escampa. En Felipe González, al contrario, el deseo de acaparar los focos, de dictar doctrina, de vigilar y controlar las disidencias, de afrontar con aplomo las tormentas y desastres que sus mismos consejos provocan.

Rajoy prefiere no hablar. Felipe González es el hombre del tiempo, el padre de todos los oráculos.
Oráculos bilingües, donde la verdad se esconde en la cara oculta de lo expresado. Siempre hay que mirar detrás. De manera que si afirma, sin lugar a dudas, que el pujolismo está limpio de toda indecencia y corrupción, ya saben a qué atenerse.
O si expresa respeto y afecto a un genocida, intenten no seguirle la corriente ni comprarle el consejo, porque este hombre lo vende casi todo, y casi nunca es buen género.

Y un acto de caridad sería, para con los investigadores de Atapuerca, aconsejarles no buscar más al hombre cavernario en aquellas prolíficas simas, pues tienen en el Cardenal Cañizares un auténtico fósil viviente, que aún no se ha informado de que Jesús de Nazaret, judío, oriental, y de niño, refugiado, era un moderno, un revolucionario, y un antisistema, como también ignora que Darwin fue uno de los padres fundadores de la civilización Occidental, que hace ya muchos siglos se destetó de los cuentos de viejas.

Sólo la caridad podría salvar a este país. La caridad, un poco de lectura, y bastante ingenio.

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Publicado el 3 junio, 2016 en Artículos y etiquetado en , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Pues tenemos fama de ser una potencia “caritativa” o solidaria, a ver si aciertas. Estupenda entrada, com todas.

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