Zapatos

 

Sin duda, el interés por la política en nuestro país ha aumentado considerablemente desde que nos enteramos que los políticos al uso (salvo honrosas excepciones) no eran de fiar. Y no lo eran, o bien por sus acciones o bien por su silencio.

Esta atención concentrada de los ciudadanos de ahora hacia la cosa pública, contrasta con la actitud previa de pasotismo y “laissez faire”, tan favorable a la desregulación del tejemaneje defendida con fe de carbonero por Reagan y Thatcher, Tony Blair y Felipe González. Es conocido que para esta bifronte y tunante cofradía, no hay mejor estabilidad que la estabilidad de los abusos plantada sobre la inestabilidad de los derechos. Cultivo para el que no hay mejor abono que la inopia (¡Venga telebasura!).

Forges, con mucho acierto y lenguaje propio, ha rebautizado recientemente a esta doctrina de la “estabilidad” como doctrina de la “forrabilidad”.
“Tener el riñón forrado” se decía antes con frecuencia, para indicar que los ricos pueden tener grasa y los pobres no. Que debe ser la misma grasa de la que hablaba no hace tanto el presidente de la CEOE, como pecado en los trabajadores y virtud excelsa en los empresarios. ¿Será esto una doble vara de medir?

¡Hay que ver qué tipo de argumentos intentan meternos por el ojo de la aguja! Por no ponerme más escatológico, anatómico, y descriptivo.

El silencio cómplice de nuestros fogones institucionales y monárquicos, ha sido ingrediente fundamental para este guiso tan desigual, y sirvió de horno al caldo donde se disiparon derechos, inocencias, y patrimonios públicos.

¿Llegará un día en que al ver por el noticiero rosa y azul una boda principesca, no nos quedemos embobados de arrobo mental, y nos preguntemos cuanto nos ha costado ese bodrio de desfile estirado a nosotros, o cuantos niños con hambre habrían comido con esa pasta? De momento, echar esas cuentas se llama “populismo”. Así, por Decreto Ley.

Digamos además, que una vez consciente el ciudadano de que el dinero que se han llevado a Suiza y otros antros, es el de todos, y la despensa con que se proveen los lujosos y exclusivos ágapes, es la nuestra, el interés no sólo no decae, sino que se están batiendo récords de audiencia y suspense en este principio del nuevo ciclo político. Así por ejemplo en la constitución del parlamento. Algo verdaderamente inusual que parece albergar una chispita de esperanza.

Actualmente seguimos los capítulos de este drama como si de una telenovela se tratará, cuyo interés radica en que sale gente del barrio, y no sólo ya actores profesionales. Y no salen como figurantes, sino como actores principales.

Tan poco “profesionales” son, gracias a Dios, los nuevos, que de manera refleja alguno no ha podido evitar saludar a la barriada al otro lado de la pantalla y al otro lado de esas bambalinas que separan la vida real de la vida institucional (léase prostitucional).

Por otra parte, aunque en su inocencia recuerdan a aquellos actores de Pasolini -gente de la calle- que dan un vigor inefable y una vitalidad sin mancillar a sus películas, la mayoría son gente preparada o suficientemente lucida a los que la escandalera de la corrupción y el saqueo del Estado, han sacado de su ensueño y pasotismo, y desde el bar del barrio o desde la cafetería de la facultad, desde la biblioteca pública o desde las listas del paro, desde la plaza o desde la manifestación, han conspirado abiertamente para participar en esta nueva película. Que sea para bien, y a ver si de una vez por todas nos reconocemos en el guion.

Lástima que los profesionales de la cosa, las estrellas ajadas del camerino, hayan declarado a modo de insulto y desprecio que los recién llegados no son actores del “método” (¿Stanislavski?), y parecen invitarles desde su mismo ingreso a morder la manzana del método de la corrupción (morder y seréis como nosotros), en un intento desesperado de contagiarles no se sabe muy bien qué tipo infame de “estabilidad”, cuyas miasmas se elaboran en las cloacas del Estado.

Porque aunque no creen en el Estado, si creen en sus cloacas.

Lástima también que en este primer acto político de importancia, los aforados y aforrados padres de la patria sólo hayan tenido ojos para la elegancia de los gestos o de la indumentaria, porque pone de manifiesto su banalidad, superficialidad, y decadencia.

Desde muy pronto me inculcaron que no hay que juzgar a nadie por su aspecto y que el hábito no hace al monje.
Y como criterio estético propio de gente modesta, me hicieron ver la importancia del calzado en la elegancia y prestancia del conjunto, pues bastan unos zapatos decentes y limpios para otorgar dignidad al que no puede costearse un traje caro. Y viceversa.

En nuestro caso, los zapatos son metáfora de una ética enfangada que un traje caro no puede ocultar (algunos cuentan millones de mordidas y comisiones entre estiércol de vacas), o por el contrario de una honestidad limpia que un traje barato no desluce.

¿Quieren una propuesta de “estabilidad”?:
Un gobierno de la gente para la gente (es decir, de izquierdas) durante cuatro legislaturas.

¿Quieren una descripción de la “inestabilidad”?:
Lean el informe de Oxfam Intermon (“Una economía al servicio del 1%”), que describe el huerto al que nos han llevado la derecha y sus socios de barra:

“España, país donde más crece la desigualdad de la OCDE después de Chipre: Veinte personas tienen en España tanto dinero como el 30% de la población” http://www.abc.es/sociedad/abci-oxfam-espana-pais-mas-desigual-ocde-despues-chipre-y-14-veces-mas-grecia-201601181044_noticia.html

“Entre 2007 y 2014 el salario medio español se desplomó un 22,2 %”.

“No se ha conseguido remediar que 17 de las 35 empresas del IBEX 35 no pague el impuesto de sociedades en España ni que la inversión hacia la Unión Europea cayera un 15% en 2015 y la inversión en paraísos fiscales creciera un 2000%”.

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Publicado el 25 enero, 2016 en Artículos y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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