En estado de broma

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Para contribuir al deshielo del fin del mundo conocido, digamos que este país no vive en estado de coma, sino en estado de broma. Embromado.

Botín no es el nombre de un banquero capaz, con un mínimo gesto, de poner genuflexos a nuestros más encumbrados padres de la patria. Botín es el nombre de una doctrina, que emana y rezuma de nuestra sin par justicia, como el pus drena del absceso reventón.

No es lo mismo ser banquero con botín que cartero con cartera, porque aunque los dos repartan sobres, el contenido de la cartera y su peso no es el mismo, y la balanza de la justicia, aquí, es muy mirada y poco ciega. Esta es una certidumbre de la que me pesa mucho no dudar.

“Hacienda somos todos”, pero unos más que otros, y si “lo que tu defraudas lo pagamos todos”, entonces los perjudicados por el infantilismo de la infanta (santa inocencia) somos todos los ciudadanos de a pie. Y si Atutxa no es lo mismo que Botín, ergo…

Poderoso caballero es don dinero, dijo Quevedo, que en medio de su cotarro -esto va por siglos y epidemias- sabía latín.

Así como los banqueros condonan las deudas a los partidos obedientes (los que saben enrollarse), nuestros juzgados enrollados condonan sus delitos y penas a los banqueros generosos. Que en esto consiste la libertad de mercado y el ceremonial de pase usted primero que yo le sigo la corriente.
Cuando les ocurra a ustedes esta contingencia (del perdón bancario), avísenme de cara a la estadística.

¡Para fiscales, los colores! Sobre todo en España -no descubro nada nuevo-, así que todo depende, porque lo que se dice independientes… Me barrunto que no. ¿Ustedes también?

Ya es raro que una doctrina de este tipo (desacostumbradamente favorable al encausado), con tanta casuística como abunda y marabunta de expedientes que inundan los juzgados, se inaugure con el nombre de un banquero, y no de uno cualquiera, sino de uno que en este país pesa y pisa mucho. Podía haberse estrenado con el nombre de un fontanero de Lavapiés, la “doctrina Marcelino”, por ejemplo, pero no. No sé.

Parece tan improbable como que la evolución de la vida empiece por el tigre.
Ni parece muy normal que tras el banquero venga una infanta.

¿Estaremos algún día curados de espanto? porque esa anestesia civil, en que el espanto ya no se percibe, es también cuestión de tiempo y evolución.

O más bien de involución.
Que así se empieza –no sintiendo- y se acaba en rigor mortis.

Santo estado comatoso.

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Publicado el 10 enero, 2016 en Artículos y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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