CARCOMA Y NEOCACIQUISMO

carcoma

“Esa España de viejas estructuras agrarias, pero con constitución y partidos políticos <<turnantes>>, creó un sistema social y político, cimentado sobre dichas estructuras y encaminado a embotar más y más la sensibilidad política del hombre del campo, y a hacer la vida fácil a conservadores y <<liberales>> que peroraban en el parlamentario edificio de la carrera de San Jerónimo. Estamos hablando del caciquismo”.

“En la plaza de un pueblo (andaluz, extremeño, de la Mancha) se alinean los braceros que solicitan trabajo. Cuando el cacique llega (a veces no llega él mismo sino su administrador) dispone los que va a contratar. Es al mismo tiempo el jefe político; depende un partido, bien sea el <<conservador>> o el <<liberal>>, color que puede ser diferente en los discursos parlamentarios, en la prensa o en las campañas electorales; en la vida cotidiana del campo español es siempre el mismo”. (LA ESPAÑA DEL SIGLO XIX / Manuel Tuñón de Lara).

“Las clases directoras, causantes únicas de los infortunios nacionales, tenían que exculparse y rehabilitarse, al decir del Sr. Silvela, y no se han exculpado. Había que hundir el cuchillo en la gangrena hasta el mango, y ni las Cortes ni el Gobierno se han atrevido siquiera a mondar la corteza. El eje de la política tenía que mudar de asiento, y no ha mudado: seguimos allí mismo dónde nos sorprendió la catástrofe. Necesitaba España revulsivos, para que volviera de su colapso, y le han dado, por el contrario cloroformo… A ley de previsores y de patriotas, por amor a España y por interés propio, tenemos que plantarnos, diciendo <<hasta aquí hemos llegado>>, y aplicarnos a buscar el remedio; y tal vez, dando un paso más, pedir cuentas a los que todavía se las deben a la nación, y que el que la ha hecho que la pague”. (QUIENES DEBEN GOBERNAR DESPUÉS DE LA CATÁSTROFE, por Joaquín Costa / Conferencia 3 de enero de 1900).

 

Romper es palabra hoy de moda. No sé si ser rupturista con la carcoma debe conceptuarse como “romper” o como “recomponer”, o si al romper con lo roto se reconstruye algo. Lo que sí tengo claro es que consentir, proteger, o mimar al corrupto es también un acto activo de corrupción, y subversivo del orden legal.

Dado lo repetitivos que somos en nuestra historia fatal (que algo de esto debe significar aquello tan oscuro y ambiguo de una unidad de destino en lo universal), hubo otro tiempo histórico y político en nuestra nación en que a los dos partidos que se alternaban mediante pacto secreto en el poder (liberales y conservadores), el pueblo los llamaba en el lenguaje oficial, los partidos “turnantes”, y en el lenguaje popular, los partidos “tunantes”, porque la gente sabía a ciencia cierta, con la ingénita sabiduría que le proporciona su connatural desesperación y maltrato, que aquella aparente pero falsa alternancia en el color del gobierno, era el paraguas de la más desaforada corrupción y un medio disimulado para que los intereses de oligarcas y caciques imperarán, como era costumbre y tradición (si o si) sobre los intereses del pueblo. Algo parecido a lo que ocurre hoy cuando ante las tablas de la ley del mercado que nos entregan los caciques tecnócratas, equiparadas al acta de defunción de la democracia, se nos dice: “es lo que hay”.

En aquel contexto de trampa que generaba cinismo, desconfianza, pobreza, y corrupción, hubo el intento regeneracionista (en el que Costa participó) de crear un tercer partido que defendiera de verdad los intereses de la mayoría, y que abriendo el camino a una democracia auténtica -dando paso a las clases medias y a la modernidad- acabara con el cotarro de aquel entonces, no muy distinto del de ahora.

Pero aquel intento fracasó por distintos motivos, de manera que el truco bipartidista pudo seguir funcionando hasta que, como suele ocurrir una y otra vez en nuestra historia, la corrupción acabó muriendo de éxito y degenerando en crisis total del sistema.

Estas crisis cíclicas en que desemboca inexorablemente la corrupción rampante (y esta es otra constante de nuestro destino), suelen desatar en medio del torbellino, las fuerzas centrífugas de nuestros regionalismos patrios -como si la corrupción fuera cosa solo del gobierno central- de manera que las invocaciones a soluciones desesperadas o de fuerza en pos de la unidad sagrada de la patria, resultan muy oportunas y disimulan muy bien el origen del huracán: la corrupción y la pésima calidad del régimen del momento.

Por eso cuando se habla del “fraude Pujol” como epítome de la corrupción catalana y ejemplo de la perfidia de los nacionalismos, no hay que olvidar que dicho fraude estuvo alimentado, consentido, y protegido, por el fraude más amplio español, mientras interesó hacerlo así. Hasta un último intento desesperado de tapadera por parte de Felipe González, que reivindicando (o intentándolo) a un Pujol ya confeso, se protegía de alguna manera a sí mismo y a su idea de la estabilidad tunante de España.

Como los nacionalismos y los patriotismos suelen ser cortos de vista o casi ciegos como topos, y sus campeones y caciques respectivos soterradamente se retroalimentan, necesitan y protegen, no debe extrañarnos que el actual y repentino entusiasmo separatista catalán (que empezó con recortes sociales y cerrando centros de salud) tenga su origen en los intereses de una oligarquía catalana demostradamente corrupta a la que se le descubrió el negocio, y que su candidato sea (o haya sido) el heredero político de Pujol.

Qué lejos está todo esto de aquel internacionalismo ilustrado de antaño, que sin entrar al trapo de las banderas sabía perfectamente los intereses superiores que estaban en juego.

Pero dado el poder propagandístico del ideario de la estabilidad (turnante o tunante), ahora resultará que la culpa de todo esto, tanto de las tensiones centrífugas como del fraude Pujol, las tiene el 15M. ¡Cualquier cosa! ¡Coño! ¡Si quieren sujetar a la patria, acaben con la corrupción, bájense de la poltrona, y disuelvan la casta! A lo que no tiene derecho la carcoma es a quejarse de que el edificio que ella ha minado, se rompe y se cae.

Tanto han deteriorado la situación los corruptos de aquí y de allá, del centro y la periferia, que ahora la última oportunidad de solución que queda es jugada de riesgo y a la desesperada, sin que le falte un ingrediente sentimental: reparar el orgullo herido de los catalanes permitiéndoles votar (la soberanía ya no está aquí ni allá sino esclavizada en los mercados) para que puedan decidir NO quedarse a solas con los pujolistas, sus mordidas, y sus compinches.

E igual de este otro lado. Vamos a necesitar estar juntos para recuperar dignidad, democracia, y soberanía, ahora secuestradas en manos de los caciques del mercado, que no respetan boina, barretina, ni derechos humanos.

 

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Publicado el 5 enero, 2016 en Artículos y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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