Archivos Mensuales: octubre 2015

García Lorca: ¿a la tercera va la vencida?

García Lorca: ¿a la tercera va la vencida?
Tras las infructuosas campañas de 2009 y 2014, un equipo de arqueólogos y expertos está a punto de excavar entre Víznar y Alfacar en busca de los restos del escritor
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/10/26/actualidad/1445885173_774592.html

Photography Essay – Faces of Asia

Edge of Humanity Magazine

This photography essay was submitted to Edge of Humanity Magazine by freelance journalist and documentary photographer Harriet Dedman.

India India

India India

Click on any image to see Harriet’s projects.

Tokyo Tokyo

Tokyo Tokyo

Images from project “Sri Lanka: In the aftermath of war”

Sri Lanka Sri Lanka

Sri Lanka Sri Lanka

Images from project: “Cambodia’s Rebirth”

Cambodia Cambodia

Cambodia Cambodia

Cambodia Cambodia

See also the following projects:

Two Days In Tokyo

India

By Harriet Dedman


Back to HOME PAGE

Ver la entrada original

Emilio Lledó: Defendiendo la “utopía” y el “lenguaje de la libertad”.

Emilio Lledó: Defendiendo la “utopía” y el “lenguaje de la libertad”.

«Es grave la indecencia y la ignorancia que hoy se da en el poder»

http://www.elcomercio.es/premios-princesa/comunicacion-humanidades/201510/22/medios-comunicacion-esenciales-verdaderos-20151022002012-v.html

Symphony No2 Resurrection (Gustav Mahler) Primal Light perfomed by Uri Caine

Symphony No2 Resurrection (Gustav Mahler) Primal Light perfomed by Uri Caine

Paolo Fresu e Uri Caine – Lascia ch’io pianga

Paolo Fresu e Uri Caine – Lascia ch’io pianga

B&W Street Photography Essay – Tokyo, Japan

Origen: B&W Street Photography Essay – Tokyo, Japan

El buen salvaje

Es obvio que el mito rousseauniano del buen salvaje no goza hoy de mucho prestigio y se considera “anticuado” y fuera de lugar. Amortizado por la velocidad de los tiempos, no sale en las tertulias.

No es un mito “progresista”, como si lo es, por ejemplo, Margaret Thatcher (la amiguísima protectora de Pinochet) o incluso el “caos” neoliberal, verdaderamente libre y desatado, que hasta un Felipe González (que ayudó a desatarlo) ensalza como panacea de todos nuestros males y como única solución posible. No hay más que abrir los ojos para darse de bruces con esa falacia.

En esta ausencia de reglas, todo debería “crecer” como la espuma.
Y creciendo (sobre todo la fortuna de los menos escrupulosos), ya está todo dicho. No hay debate. El caso es crecer.
Cómo, de qué manera, y hacia dónde, no importa.
Y para ello ayuda mucho la ausencia de reglas y controles -que es la base de la ideología actual- y la velocidad que la sinrazón imprime a las “cosas” cuando el pensamiento no dirige los pasos.

A esto ayuda mucho la reducción del horizonte de ideas (una especie de efecto túnel). ¿Se han dado cuenta de que ya solo existe una ideología, la del mercado?

Por ejemplo, no podemos molestar a Volkswagen con pequeñeces, no sea que deje de fabricar coches que contaminan y estafan. Tampoco debemos extremar los controles de seguridad en los trenes de alta velocidad –en evitación de errores humanos-, no sea que no lleguemos a tiempo para la inauguración y la gloria política.
Y casi el mismo argumento vale para todas las demás actividades económicas o mercantiles (se incluye aquí la política de comisiones y mordidas).

Las reglas no son buenas para el crecimiento, y los controles (la verificación de lo que verdaderamente ocurre y sus consecuencias) pueden ralentizar su marcha triunfal.
Tampoco una excesiva democracia (que implica controles y trasparencia) es oportuna ni para la economía ni para la política, ni para la vida privilegiada de los políticos al uso.

Desde otro punto de vista, debemos crecer porque también crece el paro, y hay que dar ocupación a la gente.
Porque la gente también crece y se multiplica. Ad Infinitum. Casi como una plaga, pero se trata de una plaga buena para el negocio de hoy y el desastre de mañana. Es decir, no hay más cera que la que arde, y lo que tiene que crecer no es el crecimiento, sino el ocio creativo y la reflexión, y por supuesto  –es cuestión de vida o muerte- la responsabilidad con el planeta.
Nuestro crecimiento humano ya es inhumano, y lo que se impone es distribuir la riqueza, repartir el trabajo, aminorar la marcha, y aumentar el ocio, para ver si con tiempo y paciencia llegamos a comprendernos a nosotros mismos y el escenario que ocupamos.

Los críticos con la ideología oficial, quizás somos un poco torpes, y nos imaginamos el crecimiento (de forma poco académica) con características espacio-temporales, en un marco newtoniano, como algo que desde un tamaño determinado inevitablemente se expande, imparable con el tiempo, y llena un vacío acogedor que para eso está.
Puede incluso que pensemos que el planeta es ese vacío, y que está necesitado de nuestro crecimiento para cumplir su destino metafísico, más allá de toda lógica y de toda física.

La “planificación” que implica reflexión no está de moda, sobre todo cuando lo que quizás cabría planificar en este momento es una reducción en la velocidad del proceso que nos arrastra, no sabemos muy bien hacia donde, o incluso una parada prudente y reflexiva.
Escuchamos que “el mundo se desacelera” y nos entra el pavor. ¿No debería ser al revés?

Lo que está de moda es la velocidad, el lucro rápido, y esa ética del egoísmo que dice: “el último, que cierre la puerta”.

Suele decirse, metafóricamente, que sí la bicicleta (del capitalismo) se para se cae. No, si es una bicicleta equilibrada y apoyas los pies en la tierra (ya no sería capitalismo). En el peor de los casos, es preferible caerse en la tierra que en el abismo que hay delante.

Ahora bien, el progreso tiene muy buena prensa. Después de todo, los antibióticos (es este un ejemplo siempre muy oportuno y a mano) aunque tuvieron su origen en una rama biológica muy antigua y arcaica (los hongos), son fruto, en su forma más elaborada, del progreso humano y han salvado muchas vidas.
No será tan malo el progreso, podría defenderse como tesis aceptable.

Aunque también pocos dudan que el progreso, en algunas (o muchas) de sus manifestaciones más nocivas, se ha llevado y se lleva cada día por delante no pocas víctimas.
Y al final el balance puede no estar muy claro, sobre todo cuando se empiezan a pisar determinadas líneas rojas (como secuencia inevitable de esa película que rueda pendiente abajo) o cuando la velocidad de ese proceso adquiere caracteres de amenaza.

Quizás sea cuestión de semántica: ¿Qué significa crecer? ¿Qué significa progresar?
Pero sobre todo es cuestión de ecología.

Yo, lo confieso, siempre pensé que el objetivo del “progreso” humano (incluido el tecnológico) era un incremento del ocio creativo y feliz. ¿Ingenuo?
Está claro que los que hoy dirigen ese “progreso” no piensan igual. O incluso piensan que si no lo hacemos nosotros (lo de cargarse el planeta) lo harán otros. Maricón el último.

Es lo que se llama la libre “competencia”, la mística del lucro, la “ética” del egoísmo.

II

La vida frugal y contemplativa no vende, y el negocio necesita consumidores ansiosos como los políticos clientes pusilánimes.

Lo que da miedo, sin embargo, es el esquema mental que sostiene todo esto, que arrancando del Génesis bíblico establece la dicotomía mundo-hombre, como sujeto y objeto, como dueño y mercancía.
Tras poner nombre y precio a las cosas y a las bestias, la explotación y el crecimiento, la domesticación y mercantilización de la naturaleza se invisten como el mandato de Dios.
Axiomas tan ciegos, que nos aíslan falazmente de nuestro entorno, no pueden prever eficazmente las consecuencias sobre nosotros mismos de nuestros propios actos irresponsables sobre las “cosas”.
Incluso las élites políticas y financieras arrastran ese primitivismo que, a pesar de sus títulos verdaderos o falsos, los convierte en analfabetos funcionales y peligrosos.
En este aspecto, algunos presocráticos (el primer y auténtico “Occidente” que el Renacimiento recuperó), eran más sabios y prudentes.

Comenzar a ver claro es considerar nuestro entorno como parte de nuestra propia naturaleza.
No es lo mismo dominar, invadir, y explotar la Tierra, que adaptarse eficaz y gozosamente a lo que la Tierra es. La construcción de jardines, algo tan propio y característico de la especie humana –aunque hay un pájaro jardinero-, nos habla de la nostalgia que como animales tenemos de ese equilibrio perdido. La “nostalgia del jardín” (que es la nostalgia del Edén) nos dice que hemos errado el camino.
Ese error no es un castigo divino, es una elección humana.

Lo que da pánico también es la falta de opciones, la ausencia de matices, la fe monolítica de los nuevos iluminados que quieren su credo globalizado, “católico”, es decir, universal. Por eso es tan difícil aspirar a ese punto medio, a esa zona de equilibrio donde los griegos antiguos situaban la virtud. La maquinaria se justifica en su propio movimiento, y se sostiene en su inercia acelerada.

Hoy ya nadie cree que la palabra socialdemócrata signifique algo distinto que neoliberal. Pertenecen al mismo club. Aparentemente se ha llegado a una síntesis, que es la que actualmente dirige y acelera el mundo hacia la globalización. Felipe González y Carlos Slim.
Y sin embargo el concepto “político corrupto” o “financiero ladrón” (lo mismo da) no significa lo mismo ni es intercambiable con  “trabajador que no llega a fin de mes”. De manera que solo por arriba parece que participan de la misma fiesta, y lo mismo les da quita tú que me pongo yo. La alternancia en el poder (lo que llaman “estabilidad”) no perjudica excesivamente sus privilegios.

El modelo que propone el capitalismo neoliberal, la globalización, la desregulación, y demás zarandajas sadomasoquistas basadas en el crecimiento por el crecimiento, desaforado y sin sentido, acelerado y sin norte, al albur de lo que el destino depare, al final triunfará (si no lo evitamos in extremis) en un canto del cisne previo a la gran debacle (esta irreversible), sin tiempo para que los mecanismos de retroalimentación tiren del freno automático, e impulsados por esa inercia que nos iguala a las “objetos” sin mente, nos perderemos para siempre en una curva del espacio-tiempo poniendo fin a una aventura tan absurda como breve.

Sólo entonces podremos decir (aunque no habrá nadie que lo diga y lo escuche) que nuestra civilización basada en el crecimiento y la codicia ciega era una neoplasia, un cáncer que cuando todo lo invada encontrará su final. Y este proceso se está acelerando.

Los que ya estaban aquí antes que nosotros, cuando nosotros ya no estemos seguirán estando, fuertes en su sencillez. No nos necesitan.

No es buen síntoma que a nuestra esclerosis, a nuestra incapacidad para adoptar actitudes nuevas y caminos distintos, se la bendiga y promocione con el nombre de estabilidad. No hay peor elección que esa inercia que cabalga a lomos del Apocalipsis.

La propuesta del “decrecimiento” parece hoy utópica, marginal, en el mejor de los casos romántica, en el peor de los casos “radical”, que hoy es uno de los peores insultos que se pueden recibir, como si las copas de los árboles y las hojas que se abren al sol fueran posibles sin raíces sanas.

Y sin embargo, o las mejores mentes del planeta se ponen a diseñar y organizar, sin excesivos traumas, ese decrecimiento, o la enfermedad que nos consume y consume a la Tierra ya no tendrá cura.

Posdata: El decrecimiento como alternativa

Hibernados

Hibernados

Uno piensa con melancolía que si este país no hace la “transición” pendiente ahora, ya no la hará nunca. No en vano este es el país del eterno “vuelva usted mañana”. Y así se nos pasan los siglos.

El único beneficio claro de esta crisis es que ha revelado el espejismo (a efectos de rendimiento democrático) de la transición “oficial”.

Al principio de esta crisis, cuando aún se mantenía joven y despierta nuestra indignación, el “chip” mental que nos permitía traducir en tiempo real las mentiras en verdades, echaba chispas, y cazaba los sofismas del régimen al vuelo.

Era escuchar la palabra “reforma”, que es la palabra mágica que durante una crisis cosecha todos los aplausos y siembra todos los engaños (desde Lampedusa para acá), y ya nuestro genio interno, al que habían despertado de un sopapo, le ponía nombre a la cosa.
Aquello prometía cambiarlo todo para no cambiar nada (como siempre), pero esta vez estábamos despiertos.

Sabíamos, recién estrenados en la catástrofe, que las campanas doblaban por nosotros, y que las “reformas” eran “recortes” -sin fecha de caducidad- de nuestros derechos más básicos que, por convención y mínima humanidad, seguimos llamando “humanos”.

Y lo sabía tanta gente que constituían “mareas” llenas de olas conscientes, empujando como nunca en este país se ha empujado hacia un escenario político, económico, y social, compatible con la justicia (ahora envilecida), la dignidad (que es simple y llana legalidad) y la democracia.

Hoy, ya lo veis, aquella fuerza de auténtica regeneración nacional que Joaquín Costa habría aplaudido y envidiado, está cansada -parece- y “nos dejamos llevar” de nuevo y engañar como siempre ¿Por pura desidia? ¿Por abandono? ¿Porque nos han convencido de que nosotros no decidimos, y aun no decidiendo tenemos la culpa?

Estamos en bajamar y no sabemos muy bien la causa de esta letargia, de este hechizo. Estamos, de un día para otro, abandonados a nuestra suerte, que es la que deciden por nosotros los golfos que han pasado por esta crisis sin catarla, los que engendraron las Gürtel, los Ere, las Púnica, y las Bankia.
¿Tienen más paciencia y aguante que nosotros, o solo están generosamente financiados y poderosamente apoyados?

A los bancos no les gusta la regeneración. También los medios “públicos” de comunicación son los medios públicos de intoxicación, el instrumento publicitario del régimen, que incluye a esos bancos que todo lo pueden y nadie controla.
Teníamos todo en contra, si, y sin embargo lo teníamos todo a favor. El mar, hecho de simples olas, es imparable. Solo hubiera sido necesario constancia en algo tan simple como mantenerse despiertos y conscientes de nuestros derechos, y también de nuestras obligaciones, entre las que están luchar por lo justo y combatir la corrupción. Pero de nuevo la modorra nos ha vencido.

Una vez muerta de un soponcio la mentira económica de este país, la burbuja de todas las burbujas, la madre de todas las ruinas, el espejo de tantos especuladores y delincuentes, parecía que íbamos a despertar, pero ¿alguien ha visto pasar por aquí alguna “reforma” en profundidad del aparato productivo que no consista en quitar a los que tienen poco o nada -incluidos enfermos y dependientes- para dárselo a los que ya lo tenían todo? ¿Alguien ha observado algún indicio, aunque sea mínimo, de que se pretenda, de cara al futuro, proteger al que trabaja y suda, y perseguir al que roba y especula? ¿De qué se aspire a limitar los privilegios de los políticos -tantos de ellos corruptos- para conservar los derechos de los ciudadanos? ¿De qué se haya abandonado definitivamente la genial idea de saquear el patrimonio público para entregárselo gratis y atado de pies y manos (como nuestra Constitución), a los tahúres que viajan de mercado de esclavos en mercado de esclavos?

Los que han hecho su agosto con esta crisis son los mismos que están en su origen.

Hace ya unos cuantos años, Ignacio Ramonet predijo en extraña paradoja: “Salir de la crisis es permanecer para siempre en la crisis”.
Es decir, para los que engendraron la crisis, “salir de la crisis” significa mantener, como plaza tomada al enemigo (que son los ciudadanos), las condiciones de la estafa. Es convertir la estafa en nuestro cuarto de estar, y nuestras condiciones miserables en un privilegio de unos esclavos frente a otros, globalizar la plutocracia y la explotación que no consintieron nuestros abuelos. Ahora ya todos somos “asiáticos”. La buena nueva se llama esclavitud. La buena nueva es que el dinero (el más sucio de todos ellos) ordena y manda.

Pedro Sánchez, el botón de muestra de todas las “socialdemocracias” hipócritas del continente, dice que no anulara la “reforma laboral”, que es como suscribir el mercado de esclavos que soñó como un imposible ideológico la ultraderecha. Fueron ellos también (los “socialdemócratas” españoles) los que reformaron la Constitución al dictado de los especuladores y los bancos, y los que implementaron la trampa legislativa para iniciar la privatización y el saqueo de la sanidad. ¿Lo hemos olvidado?

Hoy, el socialismo “oficial”, que como tantas otras instituciones de la “estabilidad” es un “ente” en sí mismo, un engendro que en sí empieza y en sí acaba (financiación generosa por medio), desprecia tanto a los ciudadanos de a pie que no le importa mandar un mensaje claro y rotundo, por encima de la masa sorda y muda de los trabajadores y sus sindicatos -que para nada cuentan y nada tienen que decir- a los (permítaseme el exabrupto) “putos amos”, de los que pende, como colgajo infame, su cordón umbilical.

Escúchese alto y claro: no reformarán la “reforma” laboral.

Hoy los datos son contundentes, y las cifras cantan frente a las mentiras.
En España, como en otros sitios bajo similar inspiración ideológica y política, los ricos son cada vez más ricos y los pobres son cada vez más pobres. Pero en España se baten récords. Somos los “mandaos” preferidos de Ángela Merkel:
“La población en riesgo de pobreza marca un récord en España, 13’6 millones” (Las Provincias, 16 de octubre de 2015).
Con especial incidencia en la infancia: el 30,1 % de los niños españoles están ya en “situación de pobreza”. Esta tasa ha subido un 3,4 % en un año “tocando así la tasa más alta de pobreza con respecto a los grupos de edad desde que se calcula este indicador” (Las Provincias, 16 de octubre de 2015).

Aquí la gente no sólo se muere de hambre y de enfermedad, también se muere de frío, y la “pobreza energética” nos ha devuelto a los tiempos de la postguerra.
El reciente estudio de la universidad de Oxford (David Robinson / The Oxford Institute for Energy Studies) nos pone como ejemplo de la peor política, de la más tramposa, de la más ruin, de la más despiadada, en la línea de lo ya comentado:
“El precio de la luz subió en España el doble que en la Unión Europea durante la crisis”.
“El recibo se encareció un 52%”.

Lo que debía haber sido financiado mediante el aporte redistributivo de los que más tienen, se le hizo pagar a los menos pudientes, o incluso a los pobres de solemnidad, que muchas veces tuvieron que improvisar medios de calefacción no siempre carentes de riesgo. En este intento de sobrevivir al frío y la miseria, muchos perdieron la vida.

Ellos ya han salido de la crisis.
Nosotros, seguimos congelados.

Paco “el de la bomba”

Operación Flecha Rota El Accidente Nuclear de Palomares 1 7

Operación Flecha Rota El Accidente Nuclear de Palomares 2 7 2

Operación Flecha Rota El Accidente Nuclear de Palomares 3 7

Palomares – El accidente. Parte 1

Palomares – El accidente. Parte 2

Lo que ocultaron: Testimonio del accidente nuclear de Palomares, España

Más información:
https://es.wikipedia.org/wiki/Incidente_de_Palomares

Descontaminación

A finales de los años 1980, la contaminación residual era de 2500 a 3000 veces superior a la de las pruebas atómicas.
(Anna Cirera; Joan Benach; Eduard Rodríguez Farré (2007). ¿Átomos de fiar? Impacto de la energía nuclear sobre la salud y el medio ambiente. Los libros de la catarata. pp. 113 ss. ISBN 978-84-8319-312-9).

En aquel entonces (hace medio siglo) España era una república bananera (una de tantas) de la Gran Manzana y Washington DC, y palomas muy negras nos sobrevolaban en son de guerra fría.

El caso es que fuera el sol, el clima, el relajo que siempre produce el patio trasero de nuestra casa, raro era el vuelo que no nos cagaban encima, sobrealimentadas como por definición están, las colombas imperiales.

Nuestras imperiales águilas se acojonaban antes estas imponentes mensajeras de la paz cargadas de bombas atómicas, que de vez en cuando se caían y si bien no explotaban (según nos dicen y hemos de creer), lo ponían todo perdido de contaminación radiactiva.

Aquellos pacíficos símbolos con plumas, que en vez de olivas trasportaban bombas termonucleares, dejaron caer cuatro (más potentes que las de Hiroshima y Nagasaki) desde el cielo de Almería. Visto con retrospectiva perplejidad  ¡qué cosas pasan en España!

Hay quien piensa que los calzones con que se bañó Fraga Iribarne, para convencernos de los beneficios de ser bombardeados y contaminados por el primer país de la Tierra, aún están (vivitos y coleando) buscando cementerio nuclear. Pero esto es secreto de estado.

A mí la verdad, la leche en polvo americana nunca me ha caído bien en el estómago, y tampoco era tanta el hambre que tenía para que me aplicarán, con disciplina escolar, ese protocolo humanitario, que ni siquiera nos condonaba la deuda de vivir bajo un régimen fascista.
La geoestrategia “liberal” es lo que tiene: te la embuten mezclada con todo tipo de cosas raras y contraproducentes.

Prefería el pan frito que nos preparaba mi madre, y la leche con nata que nos traía en cubas un caballo percherón. España estaba aún sin asfaltar, y sobre las boñigas de aquel cuadrúpedo colosal y medio rubio, crecían hierbas salvajes.
Un poco más allá cantaban los grillos.

Pero un poco más allá todavía, bajo un cielo azul, el plutonio se convertía en americio.

Todo esto que, prima facie, puede parecer demencial, en realidad obedece a una lógica histórica y coherente. Con gran habilidad, las potencias “liberales” nos dejaron a solas con nuestro cancerbero de Occidente (del género “africanista”), y administraron, con sumo interés, esa deuda que nos perdonaba la vida (quiero decir, que se la perdonaban al dictador), a cambio de puntualidad en los pagos, firmeza en la represión de los demócratas, y facilidades en todo tipo de servicios y sevicias, que eventualmente, y según contrato, podían incluir accidentes nucleares.
¿Dónde hay que firmar? dijo el caudillo.

Y como somos fieles hasta el martirio, a vuelta de página histórica y tras un lavado de cara con jabón de lagarto, lagarto, entramos en la OTAN por la puerta grande que era también la de servicio.
Cierto es que de entrada no nos devolvieron Gibraltar (como estaba publicitado), pero a cambio ahora se nos llevan (solo han tardado medio siglo) unas hectáreas de tierra envenenada al desierto de Nevada. O eso dicen.

Como haciéndonos un favor y compartiendo gastos.
¡Qué culpa tendrá el desierto y quien allí habite!

Más información:
https://es.wikipedia.org/wiki/Incidente_de_Palomares

A %d blogueros les gusta esto: