EL NEO OCCIDENTE

Canada

I

En cuanto a Occidente, nunca ha estado claro si queda arriba o abajo, a la derecha o a la izquierda, en las costas asiáticas, o en las indias occidentales. Albert Einstein, hijo de Alemania y nieto de Israel (que huyó a tiempo del Occidente nazi), ya lo dijo: todo es relativo.

Incluso Colón, guiado por Abraham Zacut, judío salmantino y maestro de la Universidad salmanticense, que acabó su vida como exiliado español en la diáspora (como buena parte de la intelligentzia española de todos los tiempos), pensaba que había topado con Oriente cuando se dio de bruces con un Occidente perdido en medio del Océano. Por cierto, que bien se nos ha dado siempre exiliar al talento.

Muchos de los primeros exiliados de nuestro Occidente hispano acabaron en Oriente, compartiendo su sabiduría allí donde les dejaron ejercitarla, tal que los puntos cardinales de la libertad y la civilización a lo largo de la historia, no siempre han estado claros, o al menos no han estado inmóviles.

Parece pues claro que hay varias versiones de ese “Occidente” que algunos invocan como una especie de Jerusalén celestial.

El Occidente del arzobispo Cañizares, por ejemplo,  limita con las concertinas de Melilla y los godos del Norte, y sin embargo el “espíritu evangélico” que algunos invocan para definir la civilización occidental, germinó tostado por el sol y el aire seco de Qumran, a orillas del Mar muerto, entre abluciones esenias, caminatas sobre el mar, y cosechas de hortalizas frescas en la tierra reseca de Oriente.

Luego – cual caballo de Troya- dio el salto a través de los caminos y mares del mundo helenístico y romano.

Hoy, ese espíritu evangélico, andarín y exiliado, no habría superado los muros del dinero, las cuotas de Bruselas, y las vallas de los patriotas del Dios con fronteras y patrimonio temporal, o habría perecido ahogado en medio de las olas, con la fe rota.

Con mejor orientación (guiados por la geometría y la matemática), otros sitúan el verdadero Occidente en el Asia menor, donde florecieron los sabios  presocráticos que, despiertos a la razón, acabaron con demonios y fantasmas, y que hoy nos dicen mucho más sobre Occidente que los Padres de la Iglesia.

Y no falta quien sitúa, con exactitud cronométrica, el nacimiento (o renacimiento) de Occidente entre la hoguera amordazada de Giordano Bruno y la ironía deslenguada de Voltaire.

En fin, ahora se duda sí el Occidente de nuestro tiempo amanece en Singapur y se pone por Andorra, siguiendo la órbita del dinero, el único sol que ya nos ilumina.

II

Me llamó la atención como suelen llamármela aquellas noticias raras que sobre el fondo monótono y gris de los sucesos patrios (es el mismo estrés día tras día), aspiran a la categoría de “sintomáticas” y, por esta vía, a “universales”.

En estos casos acostumbro a dirigirme, con curiosidad incurable, a estas recién afloradas puntas de iceberg que rompen la tersura de la nada, con ánimo de escrutar sus superficies más profundas -caso que las hubiere- y comprobar si aquello tiene calado o algún significado que merezca el perdón del próximo deshielo.

Con el cambio de clima, todos estos sucesos capitales van mucho más rápido (y a la deriva), como todo en general en este planeta, salvo quizás su propio giro, pero todo a su tiempo.

Las noticias jurídicas, legislativas, o constitucionales de nuestro país podrían ir, sin merma apreciable de categoría, en la página de sucesos coloniales (Made in Germany), y los “cambios” políticos trascendentales para nuestra nación, podrían encajar mejor en las páginas de moda y estilo. Tanto Rajoy como Pedro Sánchez (tanto monta monta tanto) utilizan el mismo peluquero y la misma reforma laboral. Poco que rascar por ese lado. No se esperan sorpresas.

En la foto (y esta era la noticia), muy en el papel de boxeador juvenil, el novísimo primer ministro de Canadá (con el torso desnudo) separa los pectorales, el derecho hacia la derecha, el izquierdo hacia la izquierda, en un alarde de equilibrio que vaticina estabilidad política y hombría de estado, y además levanta los brazos, flexiona los antebrazos sobre los antedichos segmentos y también las muñecas -como enroscándolas-, contrae los bíceps en alarde de masa y enjundia, y apunta con unos nudillos generosos en anillos gruesos a su propio yo sonriente, como proclamándose indiscutible rey de la lona. Tiene asegurado, dicen, el voto femenino.

Sin embargo, y a pesar de este “papelón” de película cutre y bajo presupuesto, una sonrisa candorosa e inocente -casi estúpida- lo disculpa todo, como lo disculpamos todo a los niños, sobre todo si son de papá y de mamá.
La mamá es famosa por cierto lío con los Rolling Stones, y el papá fue a su vez primer ministro de Canadá muchos años, confirmando quizás -en la línea de los Kennedy- un cierto apego de Occidente a las dinastías de sangre y el papel cuché, si no es la fotogenia o incluso las feromonas adolescentes las que en nuestra civilización del reality show y tatuaje en anca, determina -una vez superado el primitivismo viejuno de las monarquías hereditarias- los méritos de ascenso y sucesión en el poder.

Opinamos que con esa media melena tan helenística (y eso que todas las anatomías me son tan respetables como la mía propia) daría el tipo de un Alejandro Magno de cartón piedra y floración precoz (es decir, sin sustrato aristotélico ni cepellón presocrático), pero muy apañado para la Nueva Era neoliberal y neo estúpida, como iniciador cosmopolita y adinerado de una nueva síntesis de civilizaciones.

Creo (lo leí hace pocos días) que los sátrapas de Arabia Saudí, que tienen amigos muy poderosos en Occidente (caso de España, especialmente la monarquía) y que al parecer no desdoran las nuevas corrientes culturales, económicas, y políticas de la globalización “Occidental” en marcha, tienen por costumbre –más allá de financiar el ISIS, según las malas lenguas- crucificar adolescentes que protesten por la falta de libertad y democracia, aunque primero los ejecutan concienzudamente (degüello a espada y en la calle) para que el “mundo libre” –tan fino y liberal- no se escandalice, ni califique el evento de cruel vulneración de los derechos humanos.

Y a otra cosa mariposa, que no es lo mismo Cuba que Arabia Saudí, geoeconómicamente hablando.

Raif Badawi, bloguero saudí y reciente premio Sájarov, tiene aún pendientes 950 latigazos de los 1000 a los que fue condenado por defender la libertad de conciencia en esa monarquía tan amiga de la nuestra y, sobre todo, de nuestro exmérito exrey (cazan juntos elefantes y palomas).

Aquí en Occidente –donde es artículo de fe que respetamos los derechos humanos- hacemos las cosas de otra manera.
Aquí los gobiernos tecnócratas, como sucursales o franquicias de los bancos alemanes -tal es el caso del gabinete Rajoy, camarero de la reina Merkel-, en vez de crucificar adolescentes, recortan enfermos y dependientes (incluidos niños y adolescentes), entrenan y exportan esclavos, y elaboran leyes de “punto final” (a lo gabinete militar y bananero) o reformas electorales al hilo evanescente de las encuestas.

O si nos da por la cosa bélica (por supuesto, siempre sin riesgo para la propia anatomía), nos vamos a Irak a hacer negocios de la mano de Bush, Blair, y Aznar -los tres jinetes del  Apocalipsis neo Occidental- que ya vendrá el Estado Islámico a rematar la tarea.

¿Qué quiero decir al fin y al cabo y como resumen de estas escuetas y escépticas reflexiones, pelín melancólicas?:
Quiero decir que resulta deprimente, por no decir sospechoso, que los verdaderos “liberales” (si es que aún existen) no protesten por la apropiación indebida, por parte de unos golfos (Púnicos incluidos), de la decimonónica tradición y honesta marca de la palabra “libertad”.

El Abate Marchena, ¡ese sí que era liberal!

Además de exiliado.

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Publicado el 30 octubre, 2015 en Artículos y etiquetado en , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

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