Hibernados

Hibernados

Uno piensa con melancolía que si este país no hace la “transición” pendiente ahora, ya no la hará nunca. No en vano este es el país del eterno “vuelva usted mañana”. Y así se nos pasan los siglos.

El único beneficio claro de esta crisis es que ha revelado el espejismo (a efectos de rendimiento democrático) de la transición “oficial”.

Al principio de esta crisis, cuando aún se mantenía joven y despierta nuestra indignación, el “chip” mental que nos permitía traducir en tiempo real las mentiras en verdades, echaba chispas, y cazaba los sofismas del régimen al vuelo.

Era escuchar la palabra “reforma”, que es la palabra mágica que durante una crisis cosecha todos los aplausos y siembra todos los engaños (desde Lampedusa para acá), y ya nuestro genio interno, al que habían despertado de un sopapo, le ponía nombre a la cosa.
Aquello prometía cambiarlo todo para no cambiar nada (como siempre), pero esta vez estábamos despiertos.

Sabíamos, recién estrenados en la catástrofe, que las campanas doblaban por nosotros, y que las “reformas” eran “recortes” -sin fecha de caducidad- de nuestros derechos más básicos que, por convención y mínima humanidad, seguimos llamando “humanos”.

Y lo sabía tanta gente que constituían “mareas” llenas de olas conscientes, empujando como nunca en este país se ha empujado hacia un escenario político, económico, y social, compatible con la justicia (ahora envilecida), la dignidad (que es simple y llana legalidad) y la democracia.

Hoy, ya lo veis, aquella fuerza de auténtica regeneración nacional que Joaquín Costa habría aplaudido y envidiado, está cansada -parece- y “nos dejamos llevar” de nuevo y engañar como siempre ¿Por pura desidia? ¿Por abandono? ¿Porque nos han convencido de que nosotros no decidimos, y aun no decidiendo tenemos la culpa?

Estamos en bajamar y no sabemos muy bien la causa de esta letargia, de este hechizo. Estamos, de un día para otro, abandonados a nuestra suerte, que es la que deciden por nosotros los golfos que han pasado por esta crisis sin catarla, los que engendraron las Gürtel, los Ere, las Púnica, y las Bankia.
¿Tienen más paciencia y aguante que nosotros, o solo están generosamente financiados y poderosamente apoyados?

A los bancos no les gusta la regeneración. También los medios “públicos” de comunicación son los medios públicos de intoxicación, el instrumento publicitario del régimen, que incluye a esos bancos que todo lo pueden y nadie controla.
Teníamos todo en contra, si, y sin embargo lo teníamos todo a favor. El mar, hecho de simples olas, es imparable. Solo hubiera sido necesario constancia en algo tan simple como mantenerse despiertos y conscientes de nuestros derechos, y también de nuestras obligaciones, entre las que están luchar por lo justo y combatir la corrupción. Pero de nuevo la modorra nos ha vencido.

Una vez muerta de un soponcio la mentira económica de este país, la burbuja de todas las burbujas, la madre de todas las ruinas, el espejo de tantos especuladores y delincuentes, parecía que íbamos a despertar, pero ¿alguien ha visto pasar por aquí alguna “reforma” en profundidad del aparato productivo que no consista en quitar a los que tienen poco o nada -incluidos enfermos y dependientes- para dárselo a los que ya lo tenían todo? ¿Alguien ha observado algún indicio, aunque sea mínimo, de que se pretenda, de cara al futuro, proteger al que trabaja y suda, y perseguir al que roba y especula? ¿De qué se aspire a limitar los privilegios de los políticos -tantos de ellos corruptos- para conservar los derechos de los ciudadanos? ¿De qué se haya abandonado definitivamente la genial idea de saquear el patrimonio público para entregárselo gratis y atado de pies y manos (como nuestra Constitución), a los tahúres que viajan de mercado de esclavos en mercado de esclavos?

Los que han hecho su agosto con esta crisis son los mismos que están en su origen.

Hace ya unos cuantos años, Ignacio Ramonet predijo en extraña paradoja: “Salir de la crisis es permanecer para siempre en la crisis”.
Es decir, para los que engendraron la crisis, “salir de la crisis” significa mantener, como plaza tomada al enemigo (que son los ciudadanos), las condiciones de la estafa. Es convertir la estafa en nuestro cuarto de estar, y nuestras condiciones miserables en un privilegio de unos esclavos frente a otros, globalizar la plutocracia y la explotación que no consintieron nuestros abuelos. Ahora ya todos somos “asiáticos”. La buena nueva se llama esclavitud. La buena nueva es que el dinero (el más sucio de todos ellos) ordena y manda.

Pedro Sánchez, el botón de muestra de todas las “socialdemocracias” hipócritas del continente, dice que no anulara la “reforma laboral”, que es como suscribir el mercado de esclavos que soñó como un imposible ideológico la ultraderecha. Fueron ellos también (los “socialdemócratas” españoles) los que reformaron la Constitución al dictado de los especuladores y los bancos, y los que implementaron la trampa legislativa para iniciar la privatización y el saqueo de la sanidad. ¿Lo hemos olvidado?

Hoy, el socialismo “oficial”, que como tantas otras instituciones de la “estabilidad” es un “ente” en sí mismo, un engendro que en sí empieza y en sí acaba (financiación generosa por medio), desprecia tanto a los ciudadanos de a pie que no le importa mandar un mensaje claro y rotundo, por encima de la masa sorda y muda de los trabajadores y sus sindicatos -que para nada cuentan y nada tienen que decir- a los (permítaseme el exabrupto) “putos amos”, de los que pende, como colgajo infame, su cordón umbilical.

Escúchese alto y claro: no reformarán la “reforma” laboral.

Hoy los datos son contundentes, y las cifras cantan frente a las mentiras.
En España, como en otros sitios bajo similar inspiración ideológica y política, los ricos son cada vez más ricos y los pobres son cada vez más pobres. Pero en España se baten récords. Somos los “mandaos” preferidos de Ángela Merkel:
“La población en riesgo de pobreza marca un récord en España, 13’6 millones” (Las Provincias, 16 de octubre de 2015).
Con especial incidencia en la infancia: el 30,1 % de los niños españoles están ya en “situación de pobreza”. Esta tasa ha subido un 3,4 % en un año “tocando así la tasa más alta de pobreza con respecto a los grupos de edad desde que se calcula este indicador” (Las Provincias, 16 de octubre de 2015).

Aquí la gente no sólo se muere de hambre y de enfermedad, también se muere de frío, y la “pobreza energética” nos ha devuelto a los tiempos de la postguerra.
El reciente estudio de la universidad de Oxford (David Robinson / The Oxford Institute for Energy Studies) nos pone como ejemplo de la peor política, de la más tramposa, de la más ruin, de la más despiadada, en la línea de lo ya comentado:
“El precio de la luz subió en España el doble que en la Unión Europea durante la crisis”.
“El recibo se encareció un 52%”.

Lo que debía haber sido financiado mediante el aporte redistributivo de los que más tienen, se le hizo pagar a los menos pudientes, o incluso a los pobres de solemnidad, que muchas veces tuvieron que improvisar medios de calefacción no siempre carentes de riesgo. En este intento de sobrevivir al frío y la miseria, muchos perdieron la vida.

Ellos ya han salido de la crisis.
Nosotros, seguimos congelados.

Anuncios

Publicado el 23 octubre, 2015 en Artículos y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: