Descontaminación

A finales de los años 1980, la contaminación residual era de 2500 a 3000 veces superior a la de las pruebas atómicas.
(Anna Cirera; Joan Benach; Eduard Rodríguez Farré (2007). ¿Átomos de fiar? Impacto de la energía nuclear sobre la salud y el medio ambiente. Los libros de la catarata. pp. 113 ss. ISBN 978-84-8319-312-9).

En aquel entonces (hace medio siglo) España era una república bananera (una de tantas) de la Gran Manzana y Washington DC, y palomas muy negras nos sobrevolaban en son de guerra fría.

El caso es que fuera el sol, el clima, el relajo que siempre produce el patio trasero de nuestra casa, raro era el vuelo que no nos cagaban encima, sobrealimentadas como por definición están, las colombas imperiales.

Nuestras imperiales águilas se acojonaban antes estas imponentes mensajeras de la paz cargadas de bombas atómicas, que de vez en cuando se caían y si bien no explotaban (según nos dicen y hemos de creer), lo ponían todo perdido de contaminación radiactiva.

Aquellos pacíficos símbolos con plumas, que en vez de olivas trasportaban bombas termonucleares, dejaron caer cuatro (más potentes que las de Hiroshima y Nagasaki) desde el cielo de Almería. Visto con retrospectiva perplejidad  ¡qué cosas pasan en España!

Hay quien piensa que los calzones con que se bañó Fraga Iribarne, para convencernos de los beneficios de ser bombardeados y contaminados por el primer país de la Tierra, aún están (vivitos y coleando) buscando cementerio nuclear. Pero esto es secreto de estado.

A mí la verdad, la leche en polvo americana nunca me ha caído bien en el estómago, y tampoco era tanta el hambre que tenía para que me aplicarán, con disciplina escolar, ese protocolo humanitario, que ni siquiera nos condonaba la deuda de vivir bajo un régimen fascista.
La geoestrategia “liberal” es lo que tiene: te la embuten mezclada con todo tipo de cosas raras y contraproducentes.

Prefería el pan frito que nos preparaba mi madre, y la leche con nata que nos traía en cubas un caballo percherón. España estaba aún sin asfaltar, y sobre las boñigas de aquel cuadrúpedo colosal y medio rubio, crecían hierbas salvajes.
Un poco más allá cantaban los grillos.

Pero un poco más allá todavía, bajo un cielo azul, el plutonio se convertía en americio.

Todo esto que, prima facie, puede parecer demencial, en realidad obedece a una lógica histórica y coherente. Con gran habilidad, las potencias “liberales” nos dejaron a solas con nuestro cancerbero de Occidente (del género “africanista”), y administraron, con sumo interés, esa deuda que nos perdonaba la vida (quiero decir, que se la perdonaban al dictador), a cambio de puntualidad en los pagos, firmeza en la represión de los demócratas, y facilidades en todo tipo de servicios y sevicias, que eventualmente, y según contrato, podían incluir accidentes nucleares.
¿Dónde hay que firmar? dijo el caudillo.

Y como somos fieles hasta el martirio, a vuelta de página histórica y tras un lavado de cara con jabón de lagarto, lagarto, entramos en la OTAN por la puerta grande que era también la de servicio.
Cierto es que de entrada no nos devolvieron Gibraltar (como estaba publicitado), pero a cambio ahora se nos llevan (solo han tardado medio siglo) unas hectáreas de tierra envenenada al desierto de Nevada. O eso dicen.

Como haciéndonos un favor y compartiendo gastos.
¡Qué culpa tendrá el desierto y quien allí habite!

Más información:
https://es.wikipedia.org/wiki/Incidente_de_Palomares

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Publicado el 20 octubre, 2015 en Artículos y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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