Estimado cliente

“Sentimos comunicarle que el motor de tipo EU5 EA 189 correspondiente al número de bastidor… que ha introducido está afectado… Le garantizamos que Volkswagen AG está trabajando lo más rápido posible para encontrar la solución técnica que le será comunicada…

Atentamente,
Volkswagen”.

El engaño, la trampa, el fraude, la violencia, y (¿por qué no decirlo?) el sadismo, constituyen las líneas de “pensamiento” y perversión que dirigen hoy nuestro mundo económico y social.
Estamos en manos de gente muy poco sana, que no anda bien de la mollera, aunque este juicio diagnóstico peca, quizás, de contemplativo, pesimista, y excesivamente resignado. No. En realidad todo o casi todo está (aún) en nuestras manos, y no en manos ajenas, tan poco fiables por otra parte.

Nos creemos aislados, fuera de contexto, con nuestra perplejidad y nuestra indignación fuera de onda, en escasa sintonía con el ambiente, tentados por una soledad cada vez más salvaje, pero el contexto, quizás, no es tal como nos lo venden, ni cómo nos lo han contado. No es como aparece en los medios que controlan, que son muchos. Por ejemplo, la eficacia alemana quizás no es tan eficaz. ¿O solo lo es con trampas y explotación laboral?

Quizás la democracia europea no es tan democrática.

Es cierto que en Europa todavía, de tarde en tarde, siguen poniendo las urnas a disposición del “cliente” (que ya no es ciudadano), casi como un libro de reclamaciones (papel mojado), como una liturgia, aunque casi nunca los programas se cumplan ni se intente, no pasando todo el proceso de una ceremonia hueca y vacía, de tal manera que incluso los programas políticos, que deberían tener la naturaleza de contrato entre partes, se acomodan al ambiente general y no pasan de fraude publicitario, de software trucado que supere el test puntual y estéril de ese momento electoral.

Y todo ello se va asumiendo con lentitud, con parsimonia, con resignación, pero sin pausa. En lo civil y en lo político, que intercambian y comparten sus técnicas de fraude.
Vamos (nosotros y la democracia) languideciendo. Nos van contaminando su mierda.

Pero aún se cuidan las formas aparentes. Sacar los tanques en vez de esas urnas tan frágiles, aún no está bien visto en Europa. Quizás tampoco es necesario porque existen otros mecanismos más sutiles para el mismo fin. Y funcionan, como se ha visto recientemente en Grecia.

Hay quien pensó, hace ya mucho tiempo, que el lucro era el motor de la mejor sociedad, y que la mejor manera de favorecerlo era la desregulación, un escenario nietzscheano más allá del bien y del mal, darwinista porque somos bestias, donde el mal (considerado desde el punto de vista ético, económico, ecológico, y social) pudiera enraizar y producir sus frutos más negros. Aunque, eso sí, aderezado con cacharros brillantes, cada vez más potentes, y cada vez más contaminantes. Tóxicos para el cuerpo, tóxicos para el espíritu, tóxicos para el planeta.

Construyen problemas, diseñan trampas, incuban desastres (no sólo sociales, también ecológicos) para los que no tienen solución. La codicia les tapa el horizonte, viven al día, destruyen en tiempo real.

En otro tiempo hubo ciudadanos, hoy ya solo hay clientes. Y cuando los políticos privatizan nuestro patrimonio, nos están vendiendo al por mayor. Es un traspaso de clientes.
No es que nos traicionen, es que nos venden. Y obtienen su recompensa.
Somos su mercancía.

Anuncios

Publicado el 9 octubre, 2015 en Artículos y etiquetado en , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: