Y van dos (Lunes, 28 de septiembre de 2005)

La corrupción es el espinazo que vertebra España, el hilo conductor de nuestra decadencia como país y como régimen político.

Repartida en compartimentos aparentemente estancos, en comunidades autónomas, en núcleos de influencia caciquil, donde las tramas de saqueo, favores mutuos, y corrupción organizada, están tan densamente tejidas que actúan como una elástica y eficiente red de seguridad ante la amenaza de cualquier improbable y siempre evanescente despertar de la conciencia ciudadana, la corrupción se ha convertido en nuestra auténtica seña de identidad más allá de cualquier debate identitario.

Esa es (la corrupción) la auténtica patria de los que han ganado un nuevo proceso electoral en nuestro país. Y van dos.

Tras el apoyo del voto popular al sistema de corrupción que representa el PSOE en Andalucía, ahora también un voto democrático y movilizado por las torpezas del contrario, ha dado el apoyo de las urnas al sistema de corrupción (protocolizado incluso en porcentajes de mordida) que representa Mas en Cataluña.
Mas, del que se sabe que no era independentista hasta hace dos días y que no tiene más patria que su interés y dinero, se ha llevado el gato al agua y de momento flota en estas aguas turbulentas.

Moverse en la política española es moverse en dos planos de la realidad: el de la verdad y el de la mentira; el de los que mueven los hilos y el de los que se resignan a su papel de marionetas.

Por poner un ejemplo de esta esquizofrenia en que naufraga toda honestidad: hoy sabemos que Zapatero, que pasaba por ser el más progresista de los sucesivos líderes del PSOE (nada difícil frente a Felipe -discípulo de Thatcher-, Almunia, o Rubalcaba), además de gestionar favores muy concretos al banquero Botín, entregar atada de pies y manos la sacrosanta Constitución española a los bancos alemanes (artículo 135), hizo también un apasionado cántico de alabanzas del despido barato y otros mecanismos de maltrato laboral (a los que calificó de “revolución”) frente al FMI, según revelan las actas “desclasificadas”.

En esos juegos florales -petit comité- que transcurrieron prosaicamente (aunque de manera secreta) en el plano de la verdad, se defendieron los beneficios “revolucionarios” de tener unos trabajadores explotados y acoquinados, y se reconoció sin ambages que “se ha producido (en España) un fenómeno que se puede describir de muchas formas pero que, básicamente, en los últimos 20 años, entre el 40% y el 50% [de la mano de obra] ha estado o desempleada o con empleos precarios con contratos temporales (El País, 20 de septiembre de 2015)”.

Más, que quería salvar los muebles de la corrupción catalana, de momento lo ha logrado gracias a la estrategia independentista como último recurso desesperado, y gracias al apoyo de partidos nominalmente de izquierdas. A Rajoy que pretende salvar los muebles de la corrupción a nivel nacional y de “sistema”, le ha venido también bien esta confrontación entre “patriotas”, y espera refrendar en las próximas elecciones generales (siempre podrá contar para ello con el apoyo del PSOE) su sistema basado en la corrupción, aunque sea dando banderazos patrióticos, o cambiando con urgencia leyes electorales o de cualquier otro tipo.

Su gobierno se ha convertido en un urgenciólogo de la ley, que improvisa cirugías plásticas de última hora y a la medida (de sus intereses).

Así que podemos decir que, de momento, los patriotas que tienen su corazoncito sentimental en Suiza, Andorra, o Singapur, van ganando por goleada, y asistimos a un esperpento en que los corruptos de un sitio quieren independizarse de los corruptos de al lado. Sus razones tendrán.

Eso solo significa una cosa: así como las casas se empiezan por los cimientos, las democracias se empiezan por la educación, y solo con ciudadanos despiertos (con los ojos abiertos) y lúcidos, que sepan reconocer cuales son los intereses de la mayoría y a los representantes que los defienden (incluso mas allá de las fronteras), es posible avanzar.

Es lo que hay, y como demócrata aceptó el resultado, pero como ciudadano no me resigno a vivir en un escenario institucional presidido y coronado por la corrupción.

Artículo en prensa

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Publicado el 5 octubre, 2015 en Sin categoría. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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