Calabobos

El espécimen humano criado a los pechos de la TV es eminentemente poroso. Los canales y circuitos por los que ha de penetrar el mensaje, el software, y el programa, fueron desbrozados con rotundidad y fiereza, y están siempre disponibles y fáciles como esos puertos abiertos de par en par a los piratas informáticos.

Son como esos caminos del laberinto en que se mueven los ratones de laboratorio, impulsados por reflejos condicionados, es decir, por reflejos descerebrados que los convierten en relojes. Sólo se necesita simplicidad, uniformidad, y constancia en el mensaje. La simplicidad (rayana en la estupidez) que es la base de la propaganda, la repetición que es la base del reflejo ciego.

Por ejemplo, el chatarrero que circula por mi barrio repite siempre la misma salmodia, con la misma voz y el mismo soniquete. Es un mensaje grabado, simple y eficaz.
Me recuerda a las tertulias de la radio y la televisión “pública”.

Por cierto, “pública” significa de todos, no del gobierno. Pero nuestra democracia es de juguete.

La TV (o Radio) teledirigida es, como fenómeno tecnológico, un instrumento obsoleto, pero goza todavía de un interludio favorable cuyo canto del cisne anida aún en territorios culturalmente débiles y deprimidos.

En estos territorios, los medios de masas aún hacen sombra a la masa de medios, el “astro” informativo al “polvo” informativo (Ignacio Ramonet, dixit). La lectura, tan escasa, no es antídoto suficiente contra tanto tóxico.

Si quisiéramos explicarnos las revoluciones y meandros, la velocidad sincopada con que gira y cambia la opinión pública en España, tendríamos que remitirnos a las virtudes del “chirimiri” más que a la fuerza de los torbellinos.

Pero también a un terreno seco y poroso (quizás también estéril) donde todo transita y nada queda, salvó la última lluvia fina.

Llama la atención que hace bien poco, España estaba inundada de mareas de todo tipo cuya fuerza motora era una corrupción flagrante y una injusticia de caballo, por no hablar de un golpe de estado bancario en toda regla. Esas mareas defendían la democracia. Hoy apenas queda de ese océano una gota. ¿Por qué?

Los calabobos nos secan el caletre y nos chupan la savia civil.

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Publicado el 5 octubre, 2015 en Sin categoría. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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