LA EMOCIÓN DEL TECNÓCRATA

Para sorpresa de todos el “engranaje” esbozó una sonrisa, exudó una emoción y enseño sus dientes lubricados por la pasta.
Pero aquella sonrisa no traducía felicidad. Con su comisura torcida hacia la derecha por finos y tensos cables de acero, era una expresión poco disimulada de sorna.

Todos estuvieron de acuerdo. Aquello se parecía mucho a una operación de castigo guiada por la única emoción de la que es capaz un mecanismo sin alma: la venganza.

Lo que ya había sido anunciado se confirmó: el Eurogrupo no perdonaría jamás que el presidente griego hubiera consultado a sus ciudadanos, como tampoco perdonaba a los ciudadanos griegos que hubieran elegido a ese presidente. Semejante osadía clamaba venganza, y reclamaba una corrección ejemplar y pedagógica que pudieran interiorizar los vasallos y sus descendientes.

No habría extrañado que Dijsselbloem, el jefe del Eurogrupo, todo un manojo de emociones monetarias y un compendio de lenguaje corporal macarra, hubiera perdido los papeles ante la libertad de los griegos, pues aunque legal, en el plano teórico, la democracia en Europa, su ejercicio sin permiso de Merkel o con un resultado que no le convenga, se sale de su guión autógrafo.

Lo preocupante fue que, en esta ocasión, no era sólo el iracundo holandés (un socialdemócrata de los de ahora, vasallo pelotas de Merkel y experto en poner zancadillas a la tasa Tobin) el que cedía a la emoción. Era todo el colegio prestamista del chiringuito plutócrata, el que perdiendo las formas y desnudando su fondo, se avino a servirse la venganza en frío después de cocinarla en caliente.

El acuerdo impuesto manu militari por Berlín (y bendecido por todos los demás vasallos segundones) era una mano amiga que portaba una orden de ejecución para el presidente griego y sus votantes.
Aparte de una expropiación usuraria de la soberanía y el patrimonio público griego, el texto del “acuerdo” incluía, entre otros mamporros, la “revisión de todo lo legislado por los griegos desde febrero”.
Era a todas luces un golpe de estado bananero practicado en el corazón de la vieja Europa de las catedrales, que, a buen seguro y al calor de las temperaturas, no tardarían en ser sustituidas por palmeras de California.

Hollande (el único que puede entrar en diálogo de tu a usted con la descontrolada Merkel), consciente de esta grave circunstancia, y en un intento desesperado por tapar la pifia golpista que tanto recuerda al palacio de la Moneda, ha pedido que se camine con rapidez y urgencia hacia un parlamento y un gobierno europeo, o dicho de otro modo,  hacia un “Gobierno económico”.

Mucho dudamos, a la luz de los hechos recientes y el estilo de los comportamientos, que tal engendro pudiera pasar más allá de chiringuito bancario-prestamista.

El único dato positivo de este desparrame de bielas tecnócratas, es que nos podemos ahorrar a Rajoy, porque ni pincha ni corta, y además cuesta dinero.

Como ya dijo Unamuno a otros golpistas: “venceréis pero no convenceréis”.
Tras la venganza completa de los dioses, la emoción que queda y permanece para mucho tiempo se llama ASCO.

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Publicado el 15 julio, 2015 en Artículos y etiquetado en , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

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