LA MONARQUÍA TABÚ

Uno intenta no gastar demasiadas energías en comprender lo irracional. Siempre lo será y por tanto es tiempo perdido.

Por ese motivo, no me quita el sueño entender que pinta la monarquía como “institución respetable” en pleno siglo XXI, junto al telescopio Hubble y la física cuántica, es decir, después de Darwin, Einstein, o Freud.
Este último si nos diría unas cuentas cosas imaginativas al respecto, quizás inspirado por Darwin y sus tesis sobre el hombre y el mono.

En un tiempo y en un lugar donde en las mentes obtusas florecían los “vivas las caenas”, quizás tenía más encaje y cabida que en cabezas imprevisibles aterrizarán las omnipotentes coronas.
Una lotería, a veces con terribles consecuencias.

Incapaces ahora de comprender esta querencia servil, a muchos este invento nos parece una mezcla entre Disneylandia  y Club Bildelberg (a la reina Sofía la invitan mucho a este club), y seguimos perplejos y estupefactos ante la pervivencia de este engendro del sueño de la razón.

Dudo que ni siquiera la física cuántica fuera capaz de encontrar una explicación fantástica a este show.

A pesar de que en este país (donde no hay día sin cosecha de corruptos), seguimos sentando cátedra de transiciones, lo cierto es que (como reconocen los mismos monaguillos de la corte) en nuestra Constitución se otorgaron excesivos privilegios a la Corona.
Y aquí están las consecuencias.

Es noticia ruidosa hoy, que el actual rey de España ordena retirar el título de duquesa a su hermana, por comportarse (presuntamente) “a lo régimen”. En definitiva, le ha aplicado a la infanta y duquesa un cordón sanitario.
Pero es conocido también que no puede desplazarla ni privarla del “derecho” a la sucesión, y que ni siquiera el enorme y expansivo Juan Carlos fue capaz de convencerla de que hiciera mutis por el foro, renunciando a ese “derecho”.

Puedo imaginarme los argumentos que utilizó Cristina para decirle “NO” en la cara a su padre, cabeza visible e invisible del régimen en cuestión.
Lo que no puedo imaginarme es de donde procede ese “derecho” (a la sucesión) antes dicho, al que ella, voluntariamente, tiene que renunciar.
¿Del cielo?

No nos debe extrañar demasiado que en un tiempo en que se sustraen con tanta facilidad derechos civiles y humanos, hijos del contrato social y la razón, se defiendan sin embargo con uñas y dientes derechos escatológicos y ultramontanos que sólo los decide y entiende el Espíritu Santo.

Dado el privilegio (concedido por nuestra Constitución) de no renunciar a ese privilegio (regalado por el cielo), la pregunta es:
Caso de ser culpada y sentenciada la infanta en juicio ¿mantendría su derecho a la sucesión y podría ser, hipotéticamente, nuestra matrona y patrona de sangre azul?

Nuestros expertos en estas cosas de corte y confección deben tener la respuesta.

Publicado el 12 junio, 2015 en Artículos y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

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