MAMANDURRIAS

Madre con niño muerto (I) - Picasso

Titulares de hoy:
“Uno de cada tres niños en España vive en situación de pobreza” (EL MUNDO). Y en el contenido del artículo se comenta: “Uno de cada diez es pobre severo. Sólo Rumania, con el 35%, presenta datos peores entre los países de la Unión Europea”.

“La pobreza infantil en España, amenaza con ser crónica”.
“La crisis y la falta de ayudas condenan a 840.000 niños a la pobreza crónica” (EL DIARIO MONTAÑÉS).

Así, prima facie y sin consultar el diccionario, uno podría pensar que la palabra “mamandurria” no existe. Que es un invento, una entelequia, una broma lingüística. Una creación artística fruto de la desesperación.
Una onomatopeya que se escupe cuando se pega al paladar la lengua sedienta de los estafados.

Una lengua seca, hambrienta, como esa lengua muda que una madre dispara al cielo en el Guernica de Picasso, buscando entre el humo y el fuego, una palabra que devuelva el alma a su hijo.

Pero esa palabra (mamandurria) existe, y es una palabra redonda que brota de una teta consumida. Y aunque nacida de las entrañas del asco, la Academia la reconoce como suya, como nuestra. Más nuestra que suya, o más de los que padecen sed de justicia que de los que deciden las reglas del lenguaje y la política.

Es palabra sonora y expresiva, incluso expresionista, que parece brotar por generación espontánea, sin premeditación ni pose, automática como quien respira el hedor de la ciénaga y comprime el diafragma para vomitar un concepto.

Palabras contra bombas. Palabras contra “ajustes”. Palabras contra “reformas”. Palabras contra estafas. Palabras contra la pobreza infantil.
¿Pactos?
Acabar con esto es lo primero que hay que pactar.

¿Qué son esos “ajustes” y “reformas” tan alabadas por los oráculos macroeconómicos?
Mamandurrias.

Las palabras contra las bombas, el acero, el fuego, el hambre o la injusticia, las palabras contra las divinidades tecnócratas del séptimo cielo, son especiales. Solo pueden ser gritos, expresiones guturales que nacen de la garganta, onomatopeyas, porque la antigua lógica, la vieja ética, la denostada justicia, los añorados principios, las exigibles aspiraciones que civilizaban antes a la bestia, han quedado hechas añicos por una ideología que no admite replica. Exacta, despótica, inhumana. A sueldo.

Tetas saqueadas, madres heridas, niños con hambre, y parásitos.
Todo en un sólo vocablo: mamandurria.

En un país digno de tal nombre, cualquier programa electoral que se precie debería incluir una lista de mamandurrias a eliminar, para que coman los niños. En el nuestro, tal lista,  sería significativamente larga.

Por ejemplo:
El Consejo consultivo de Leguina y Gallardón (he ahí el consenso constitucional). Sueldos borbónicos hasta para las Meninas (¿tan caras están las chuches?). Pensiones de sangre azul. Tarjetas Black. Bicocas aforadas. Sinecuras vegetantes. Indultos colegas. Retiros dorados y pensiones VIP para la Nomenklatura. Los préstamos e intereses que estrangulan y saquean las democracias…
Todo eso son MAMANDURRIAS.

Que coexisten con el hambre infantil, por ejemplo, y con el desahucio de familias.
Contrastes como estos, nos devuelven al pozo de la barbarie.

Hay flujos de datos y corrientes de ideas, que cuando se cruzan como nubes cargadas de razón y sinrazón, saltan chispas y encienden rayos que, o nos iluminan o nos abrasan. Por ejemplo: la OCDE “aplaude las reformas de Rajoy”; “La OCDE exige abaratar más los despidos en España”; “anima a España a mantener el pulso de las reformas”; “reformas” cuyo significado implícito (eufemístico)  es explícito (violento), y ya conocemos en forma de recortes y perdida de derechos.

Porque el programa de “reformas” no consiste (a pesar de las posibilidades del término) en hacer competitivo al político, al mangante, al parasito, al explotador. No.

Se da por supuesto que el programa “reformador” que se exige y se premia, solo puede consistir en apretar el cuello al famélico, y de hecho consiste en acercar el concepto “empleo” al hasta ahora proscrito estado de “esclavitud”.

Por otra parte,  la Agencia Europea de Derechos Fundamentales, denuncia que España es uno de los países con más casos de explotación laboral.

Como las “reformas” tan alabadas consisten básicamente en explotación laboral, y traen de la mano pobreza y hambre infantil, uno de esos dos organismos es indecente, y promueve de hecho (como si fuera doctrina sana y de ley) un ataque directo contra derechos fundamentales.

En resumen:
Mamandurrias.

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Publicado el 5 junio, 2015 en Artículos y etiquetado en , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

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