CACIQUES Y TESTIGOS DE JEHOVÁ

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Si bien el umbral de la sensibilidad ante el estímulo de la corrupción está cada vez más entumecido, y nuestra pituitaria tan sorda como ciego nuestro olfato (pura electrofisiología), aún nos desperezamos una miaja y damos un respingo ante ciertas cosas y asuntos que claman al cielo de Jehová en busca de un rayo purificador.

La conversación grabada a un cargo (delegada de empleo) de la junta andaluza, amenazando a sus trabajadores con el cruel despido y arreando órdenes para propagar la fe en el PSOE de puerta en puerta, como “testigos de Jehová” (ella misma lo describe así) pero sin testigos, no tiene desperdicio:

– “Que nadie esté en la oficina…”
– “Y os quiero a todos en la calle…”
– “La gestión dejarla un poquito aparte. Un poquito no… aparte”
– “Esto es lo que más se parece a los testigos de Jehová” (confiesa ella misma)

Este cuadro de costumbres de oficina siniestra y mal ventilada, es una cata en el melón de la corrupción andaluza que “apesta” como diría el Papa, y golpea inmisericorde la pituitaria más roma y militante. Kafka le habría dedicado una pesadilla de cucarachas y castillos.

Esa siesta no puede ser sana.
Sólo a los muertos de muerte incivil, no les llega esta peste.

De viva voz grabada se nos dibuja en la mente un cuadro pintoresco y hasta folclórico, donde un cacique prepotente y con jaca inquieta maneja como peleles a sus atemorizados súbditos, y les pone bien claro como funcionan las cosas en su cortijo.
Látigo en mano.

Ya los antiguos patricios romanos, algunos de ellos andaluces aunque no del PSOE felipista (que es un invento americano), manejaban el instrumento de la “sportula” (que era algo así como nuestra cesta de Navidad) con hábil desenvoltura preelectoral para comprar el voto mercenario y el aplauso servil de los así regalados y agradecidos “clientes” y plebeyos. Viandas por votos.

Caballeros con caballo, caciques con escopeta de sal, y jornaleros con tanto miedo como hambre.

Nada nuevo bajo el sol de Iberia.
De sofoco en sofoco y más frescos que una lechuga.

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Publicado el 26 marzo, 2015 en Artículos y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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