LA COZ

Al parecer, el espécimen que propino una coz a una viandante en Barcelona por la espalda, y salió después de estampida como un búfalo loco, no era la primera vez que lo hacía.

Dominaba la técnica y el arte de la coz y ya antes lo había practicado, también con una mujer, en la localidad de Benidorm.

Esa otra “entrada al tobillo” a la orilla del mar quiso dejarla igualmente inmortalizada en la correspondiente grabación en video, no se sabe si de cara al curriculum académico.

El espécimen en cuestión ha sido datado con la prueba del carbono-14 en torno al año 2015, con un margen de error de mas o menos 24 años, y es por tanto posterior a Einstein y Darwin, e incluso a Montaigne, Voltaire y Galileo.

Se discute actualmente si se trata de un fósil, un vestigio, o un mutante postmoderno que abre caminos insospechados al futuro.

Tal y como hemos podido ver gracias al documento gráfico del rebaño que le graba y ríe la gracia (consúltese a Le Bon en todo lo referido a rebaños), la coz fue de tal entidad que derribó a la víctima, y hubiera encogido el estómago y helado el grito de una feroz hinchada de fútbol.

Felizmente y por extraño milagro no hubo fractura, y todo se limitó a un daño ligamentoso, además del correspondiente daño moral.

No obstante lo cual, poco después de conocida la hazaña se le ve salir al susodicho de la comisaría, tranquilo y ufano, como si volviera de oír misa un domingo cualquiera, acompañado cual carabina por su padre, empresario que al parecer casi lo disculpa todo como consecuencia necesaria de una juerga etílica.

Uno presume, con plausible fundamento, que el tal no pasa hambre y no sólo tiene para patatas con chorizo, sino para harina de hocico y herraduras de noble metal, marca BMW.

Si quisiera costearse un master no pasaría estrecheces.

Cuando sin excesivo intervalo de tiempo se me juntan este tipo de anécdotas con otras de parecido pelaje o su indeleble recuerdo, el alma colectiva se me viene a los pies, justo a la altura del encefalograma plano, donde cabalgan las pezuñas.

Y dado que todo va de juergas y expansiones, como olvidar a aquellos jovenzuelos sin preocupaciones y bien vestidos, que dedicaron un rato de su ocio festivo a quemar viva a una indigente en un cajero automático de Barcelona en 2005. O los frecuentes actos de agresión a indigentes, por parte de jóvenes, con heridos y nuevas victimas mortales, que se han sucedido después en circunstancias muy parecidas a las del episodio de 2005 (jóvenes “de marcha”, rebaño de borregos agresivos, indigentes indefensos, cajeros automáticos…).

Cajeros automáticos para sacar más dinero. Cajeros automáticos para refugiarse del frío.

Cuando veo la rentabilidad televisiva de las peripecias vitales expuestas en canal y a granel de El Gran Hermano, con otros antros de tamaña tele basura fashion, no puedo dejar de pensar que ese bombardeo sistemático de miseria espiritual y porquería filosófica no es inocente, y que a la larga no puede dejar de tener consecuencias sobre la salud mental y moral de los televidentes.

Artículo en prensa

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Publicado el 18 marzo, 2015 en Artículos y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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