INFLACIÓN DE SOBRANTES

Plaza Syntagma Plaza Syntagma 2 Plaza Syntagma 3

Excesiva emisión de papel en reemplazo de monedas. Excesiva emisión de aire en reemplazo de sustancia. Excesiva emisión de políticos en reemplazo de utilidad.

“Flatus vocis”. Palabrería. Cosa huera, vacía, sin substancia, sin sentido, sin contenido sólido y sin función.
Si este concepto lo aplicamos a los políticos que dicen representarnos, cabe afirmar que sobran figurantes. Sobran sobrantes. Sobran representantes que no representan. Y si algo representan, es una farsa (donde como “partiquinos” solo hacen bulto), que además cuesta dinero. Y que además es corrupta.

Me llega un wasap con solicitud de reenvío a las olas inconmensurables de las redes, con propuesta para un objetivo último: la desaparición del Senado español.
Por eso de la austeridad, pero también de la inutilidad.
Inutilidad que parece demostrada por la ausencia (sin consecuencias) de Senado en otros estados europeos más eficientes que el nuestro.
Como todos sabemos, cosas más útiles (educación, sanidad, dependencia…) se han querido sacrificar, y en gran parte se han sacrificado sin más miramientos.
¿Habremos de poner reparos al recorte y desaparición de lo demostradamente inútil? Y si hablamos de lo inútil ¿habremos de limitarnos sólo a este ente?

La propuesta del wasap (quizás un poco ingenua) para forzar la desaparición del Senado se pregunta entre otras cosas lo siguiente:
“¿Que pasaría si en las elecciones del 2015 -para el Gobierno- al abrir las urnas aparecieran vacíos todos los sobres de los votos para el Senado? La interpretación lógica sería que los españoles no queremos senadores”.

Más allá del improbable recorrido de este bienintencionado plan reivindicativo (porque en realidad lo que quieren los españoles no importa), lo que si parece demostrar o confirmar, en convergencia con tantos otros hechos, circunstancias, y manifestaciones, es las ganas que los ciudadanos españoles les tienen a sus representantes, o por mejor decir, “figurantes”.

No se sí nuestros políticos, contratados para nuestra representación (muchos viven de esto desde hace décadas, o incluso se jubilan a lo grande) son conscientes de las consecuencias y conclusiones lógicas que hoy cabe extraer de lo que ocurre en Grecia.
Supongo que los más avispados si se habrán percatado de la conclusión necesaria de ese silogismo en vivo, representado hoy en la Plaza Syntagma de Atenas y en las urnas griegas, aún calientes.

Lo que hoy ocurre en Grecia es la demostración incontestable (por empírica) de lo denunciado ya al principio de esta crisis: nos han robado la democracia (si es que la teníamos) y nos han escamoteado la soberanía.
Y ellos, figurantes y partiquinos, han sido los oficiantes de esa triste ceremonia (pensemos en Zapatero, Rajoy y su contubernio nocturno con el artículo 135 de por medio).
La soberanía de los griegos, la soberanía de los españoles, la soberanía de los portugueses…

Por eso, hacernos creer que aún podemos elegir en elecciones libres a nuestros representantes, y libremente decidir el pueblo quien ha de gobernar, y que programa político se ha de llevar a cabo, es sumar engaño a estafa.

Está claro que hoy, a la vista de los hechos, tal supuesto no se lo cree nadie. Y todo el mundo comprende que todo el proceso democrático que hace pocos días ha vivido Grecia, sobra. Es inútil. Porque los que mandan son otros (que los griegos no han elegido), y el programa político y económico que se permite, que se impone, es otro, muy distinto al que los griegos han votado.
“Venceréis pero no convenceréis” decía Unamuno.

Manda una persona que se llama Merkel. O manda un poder en la sombra que podemos denominar golfo-financiero (es lo que tiene la desregulación). Todos los demás (Zapatero, Pedro Sánchez, Rajoy, Hollande, Renzi, Napolitano, Felipe VI, Cavaco Silva, Passos Coelho…) sobran. Sobra el Congreso, sobra el Senado, sobra el Gobierno, sobra la Monarquía. No tienen capacidad de decisión. Son simples figurantes. Un gasto inútil. Se impone, por tanto, un despido masivo de todos ellos, un ERE austero, pragmático, y tecnócrata.

Pueden ser eficazmente sustituidos por funcionarios prusianos optimizados al máximo (manu militari) mediante un sueldo mileurista y contratos a tiempo parcial. Sólo necesitan saber decir: “A sus órdenes mi Capital”. No se necesita más soberanía en las colonias.

Así al menos de aquel mal (la usurpación de la democracia) podríamos obtener un mínimo bien: el ahorro.

No se entienda esto como un ataque a la democracia, sino como una constatación pragmática y melancólica de su ausencia.

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Publicado el 10 febrero, 2015 en Sin categoría y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Tienes razón, ya sabemos que los que nos gobiernan son unos mandados, pero el sueldo es lo de menos siempre que salga de nuestros bolsillos, no necesitan poner mileuristas hasta que los mandados se rebelen, y eso no ocurrirá.

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