UN “HOMBRE DE ESTADO”

Aznar y Gonzalez

“Me habéis alegrado los últimos días de mi vida, por fin los jóvenes y no tan jóvenes han despertado”. (José Luis Sampedro, sobre el 15M)

“El sistema está roto y perdido, por eso tenéis futuro” (José Luis Sampedro)


Consulten a su inconsciente:

¿Se han dado ustedes cuenta que cuando oímos decir de alguien que es “un hombre de Estado” no sabemos si gritar o llorar, si acogernos bajos sus alas o salir corriendo en dirección contraria?

¡Curioso, verdad!

Y es que el término mantiene una ambigüedad que como toda indefinición causa angustia.
No en balde el concepto “hombre de estado” esta muy próximo al concepto “razón de estado”, de cuya conjunción pueden derivarse hechos y acciones muy poco recomendables, que aunque fueran ilegales o poco éticas, serian amparadas y disimuladas por la palabra Estado.

Por otra parte, el “hombre de Estado” no tiene que rendir cuentas a nadie, porque sabe cosas que ni usted ni yo sabremos nunca, y habla con personas que mejor no nombrar, su mano izquierda no sabe lo que hace su mano derecha, pudiendo incluso ocurrir que el propio “hombre de Estado” ignore que lo es, sea una incógnita, un mandado, una X.

Para llegar a hombre de Estado hay que tragar muchos sapos, vender muchas almas (incluida la propia), y ascender muchos escalones, averiguar quien manda, recibir muchos sobres secretos, y captar muchos mensajes subliminales, para al final llegar a una altura desde la que los ciudadanos parecen hormigas (si es que se ven).

La división de poderes no le hace mella, deja entero al hombre de Estado, que trasciende, abarca y resume en un solo poder todos esos modestos matices, que afectan sólo a los simples súbditos.

Cuantos más “hombres de Estado” tiene un Estado (porque puede haber más de uno), más inestable es la democracia y más estable es el Estado. La “razón de Estado” (de su Estado) los cría y ellos se coaligan.

Cuando en estos días he oído decir a un alto político semiretirado que Pablo Iglesias no es un “hombre de Estado”, he dudado si llorar de alegría o suspirar de alivio.

Y es que a los “hombres de Estado” (como a su “razón de Estado”) los carga el diablo.

Nos incubaron con “caudillos”, y nos destetaron con “hombres de Estado”. Es decir, estamos en plena adolescencia. Mucho futuro.

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Publicado el 4 febrero, 2015 en Sin categoría y etiquetado en , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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