DEL COTARRO A LA DEVASTACIÓN

A sus órdenes mi Capital

Cabe preguntarse:

¿Puede ser “casual” que el término PPSOE haya tenido tanto éxito? ¿Qué tanta gente se haya hecho eco de lo que significa e implica? ¿Que a su sombra hayan amanecido otros términos parejos como “casta” o “cotarro”, con amplia y generosa acogida por multitud de ciudadanos, que los manejan con soltura y gracia desde el cinismo que la cotidiana experiencia produce?
¿Será mera casualidad?

O lo que es peor ¿Será una conjura? ¿Será algo inducido en mentes dóciles y receptivas por la reiterada  y sistemática propaganda de los medios “oficiales” (del gobierno y la oposición “oficiales”) empeñados en desprestigiar al unísono al PP y al PSOE metiéndolos en el mismo saco?
Ya se sabe el poder que tienen los medios financiados por el IBEX 35.

No sabría que respuesta dar a este dilema, pero para mi que la opinión de los ciudadanos que se regodean con estos términos (y son tantos) está sedimentada y hecha carne y hueso a base de repetidas hostias (perdón).
Que tanto se cae Pablo del caballo que al final ve la luz y descubre la trampa.

La intemperie curte y la experiencia ancla las ideas. Poco más o menos esto es lo que pienso al respecto. Y ahora paso a explicarme.

Del reciente artículo de Santos Juliá en “El País” (“La devastación de los bienes públicos”) suscribiría las tres cuartas partes, y creo entender la ambigua generalización del párrafo donde dice: “Tan recién construido como era nuestro Estado social, con apenas 30 años de vida, y ya se empeñan desde los Gobiernos en provocar su irreversible ruina…”

Quiero llamar la atención sobre el plural del término “los Gobiernos” porque no se sí apunta (sin atreverse del todo) a ese ente llamado “PPSOE”.

Cierto es que el principal objeto de la diatriba en el artículo de Juliá es la acción de gobierno del PP, pero ahí está esa generalización (los Gobiernos) que creo entender que reparte responsabilidades.

En cualquier caso, coincido con el en que el gobierno del PP ha supuesto el “culmen” del proceso devastador (una orgía de destrucción y saqueo), la ocasión perfecta para la euforia y la práctica ideológica, doctrinaría, teológica y teleológica de los “neoliberales”, su ciclogénesis mas deseada, pero ese proceso devastador, ese proyecto ideológico ya estaba en marcha, aunque de manera más disimulada (“en cómodos plazos”), con el PSOE.

Y en este sentido, no coincido con Juliá en que el inicio de ese proceso devastador haya coincidido exactamente con el inicio de la última crisis. Ese proceso de devastación sistemática y programada del Estado de bienestar, de los servicios públicos, de los derechos laborales, de derechos considerados universales en la legislación internacional, tuvo su inicio antes, al calor de una ideología (neoliberal) que tuvo una de sus principales valedoras en Margaret Thatcher, musa admirada y aplaudida por Felipe González. Y fue la “desregulación” (manos libres para los delincuentes financieros) que predica esa ideología, defendida por unos y aplaudida por otros (Los Gobiernos en general) la que trajo después la crisis y sus consecuencias. Nosotros somos las víctimas y los pagadores.

Los mecanismos de la devastación están perfectamente descritos por Juliá, y son ya ampliamente conocidos por la ciudadanía, pero en esa devastación han estado el PP y el PSOE: en las privatizaciones a precio de saldo, en las puertas giratorias como recompensa, en la pobreza energética subsecuente, en la corrupción, en la financiación mafiosa de los partidos políticos intercambiada por favores perniciosos para el bien público, en la pérdida de derechos laborales, en las iniciativas legislativas para la privatización de la sanidad (Ley 15/97 del PPSOE), en la reforma (por el PPSOE) sin refrendo popular, del artículo 135 de la Constitución para sustituir el mandato democrático del pueblo por el mandato plutocrático de los bancos.

La gente no habla por hablar. Sobre todo si están pasando las de Caín. Abren los ojos y luego largan.

Es esta proximidad entre PP y PSOE la que inspira las reiteradas y a veces subterráneas propuestas de “gran coalición” (sobre todo de parte del discípulo emérito de Margaret Thatcher) ante el surgimiento de una fuerza progresista “de verdad”, con más empuje que el que hasta ahora ha logrado Izquierda Unida.

Tampoco coincido en el pesimismo de Santos Juliá.
Este estado de cosas no es “irreversible”. La soberanía del pueblo y el Estado del bienestar son recuperables. Porque si no, todo esto se va al garete.

Artículo en prensa.

Publicado el 2 febrero, 2015 en Sin categoría y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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